Cerebro y andropausia

Existe un periodo en el hombre a partir de los 45 años de edad en el que se produce un descenso de la funcionalidad sexual, corporal y psíquica. Está asociado, en un principio, con la disminución funcional de la hormona masculina, “la testosterona” producida en los testículos. Esto se traduce en un proceso parangonable al…

Cerebro y andropausia

Existe un periodo en el hombre a partir de los 45 años de edad en el que se produce un descenso de la funcionalidad sexual, corporal y psíquica. Está asociado, en un principio, con la disminución funcional de la hormona masculina, “la testosterona” producida en los testículos.

Esto se traduce en un proceso parangonable al climaterio femenino, aunque por cierto, con marcadas diferencias. Este período llamado generalmente “andropausia” es un proceso mucho más solapado en sus síntomas que la menopausia femenina. Y presenta mucha mayor variabilidad individual. Declinan así lentamente la actividad sexual, la masa muscular, la disposición de la grasa corporal y la constitución ósea, entre otras cuestiones.

Es decir que puede haber mayor variabilidad sintomática y heterogeneidad individual. A veces, consecuencia de la disminución de la producción de testosterona, como también la posible disminución de la respuesta corporal a la misma.

Por otro lado esta hormona genera aumento del vello corporal, de la gravedad de la voz y de la distribución corporal de grasa y músculos. Lo cual puede ser significativo si se dispara en mujeres, en las que también se sintetiza (en el ovario).

Muchos especialistas llaman a este período de la vida también climaterio viril, comenzando desde los 45 años hasta los 55 años, y sucediendo una serie síntomas físicos (sobrepeso, pérdida de masa muscular, cansancio), psíquicos (falta de voluntad, depresión, trastornos del sueño) y sexuales (disminución de erección y de la libido).

Se adjudica alguno de esto síntomas exclusivamente a la difusión de la testosterona, sin embargo no sería la única explicación, dada la variabilidad de síntomas. Esta hormona puede variar sensiblemente entre individuos. Habiendo declinaciones consideradas problemáticas (debajo de los ocho nanomoles por litro). En general se acepta una disminución hormonal del 2% por año, promediando la cuarta década de la vida, pudiendo encontrarse síntomas disímiles, cuando disminuye esta hormona en la edad media de la vida.

No es claro entonces si sólo corresponde a un defecto hormonal o a una concatenación multifactorial correspondiente a una declinación de la edad que afecta al hombre en este periodo vital.

Sin embargo, se desarrolla más este concepto clínico a partir de otorgarle a esta hormona un rol fundamental a deficiencias en el hombre.

La disminución de la testosterona se asocia generalmente a la edad, llamándose esta problemática como “Síndrome de deficiencia de la testosterona” (SDT), especialmente si existe incongruencia con la edad.

Existe un estudio multicéntrico Europeo sobre “envejecimiento de los hombres” llamado EMAS, sobre más de 3.000 hombres de entre 40 y 79 años, que evalúa el SDT todos los síntomas y su correlato con la concentración hormonal en sangre.

Asimismo este tiempo corresponde a un período normal de la vida. Hay hombres en los que se produce una franca disminución de esta hormona sin corresponder a un síndrome en particular. Por lo contrario puede faltar en casos francamente patológicos de pacientes jóvenes, por cuestiones funcionales, genéticas, accidentes o tumores.

Parecería que no es factible escaparle a la andropausia, aunque existen hombres que presentan mayor disminución fisiológica o menor respuesta de esta hormona masculina.

Esta hormona es producida también en la mujer pero con mucha menos concentración.

Se dispara primeramente en el adolescente, desarrollando por ejemplo, la masa muscular, el deseo sexual, la distribución de la grasa o la gravedad de la voz.

El climaterio viril se produce entre los 45 y los 55 años y aparecen algunos síntomas físicos

Produce además cambios conductuales de mayor impulsividad y búsqueda de nuevas actividades, situación que lleva a tener mayor conducta de riesgo sin tener el joven el cerebro totalmente maduro.

De hecho este tipo de conductas pueden suceder en algunas patologías en las que se produce aumento anormal de testosterona, en las que se incrementa el nivel de violencia e impulsividad.

A contramano de esta situación dentro del esquema sintomático de la andropausia se observa la posibilidad de presentar debilidad corporal, falta de voluntad y síntomas depresivos. Se plantea que la testosterona puede tener una funcionalidad de masculinidad, disminuyendo la sensibilidad al dolor, la empatía y la capacidad social, así como aumentando la autoestima, esto plateado en la revista Frontiers in Neuroscience del 2015 no deja de ser actualmente controversial.

Síntomas muchas veces no comentados por el hombre en esta etapa crítica de la vida. Lo que puede generar un cuadro de enmascaramiento de una depresión, sumado a los trastornos corporales y sexuales que agravan el cuadro clínico.

Es importante marcar el cambio metabólico que se produce en este tiempo de la vida. La pérdida de masa muscular que gasta calorías colabora además con el aumento de la grasa abdominal; con mayor posibilidad de engordar, dada la falta de consumo, ya que el músculo es el gran consumidor de glucosa y calorías del organismo.

El aumento de la grasa abdominal, también por la deficiencia hormonal, lleva por otra parte a producir otras hormonas que complican el cuadro.

Una enzima llamada “aromatasa” transforma la grasa en estrógeno. Esta última es una hormona femenina que afecta aún más la esfera sexual y corporal; con disminución de la funcionalidad de la testosterona, lo cual conlleva a un círculo vicioso.

Es muy complejo el uso de testosterona como reemplazo hormonal en los pacientes con SDT, dado que puede aumentar el riesgo de infarto de miocardio, accidentes cerebrovasculares y cáncer de próstata entre otros problemas.

Por lo cual se aconseja utilizarlo en casos claramente patológicos, sólo con expreso control médico especializado y con mucho recaudo.

Existe otra manera de organizar esta cuestión con un manejo ordenado de la dieta y un control adecuado del peso. Y especialmente el ejercicio aeróbico que aumenta la quema de calorías. Disminuye las grasas, mejora la masa muscular e incrementa la testosterona en forma fisiológica.

Se apela al fenómeno de homeostasis, que es la búsqueda del equilibrio que el mismo cuerpo realiza. El organismo regula así la cuestión metabólica. Sin padecer los riesgos que conlleva la toma externa de esta hormona.

*Neurólogo cognitivo. Doctor en Filosofía.

 Prof. tit. UBA-Conicet