Bolden, la leyenda sobre el origen del jazz

La construcción de una leyenda precisa, como insumo vital, el sobredimensionamiento de la realidad. De lo contrario, sólo sería una historia. La leyenda sostiene que el cornetista Buddy Bolden, oriundo de Nueva Orleans, fundó el jazz, como si una persona, en un determinado tiempo y lugar, hubiera resuelto echar a rodar los fundamentos de este…

Bolden, la leyenda sobre el origen del jazz

La construcción de una leyenda precisa, como insumo vital, el sobredimensionamiento de la realidad. De lo contrario, sólo sería una historia. La leyenda sostiene que el cornetista Buddy Bolden, oriundo de Nueva Orleans, fundó el jazz, como si una persona, en un determinado tiempo y lugar, hubiera resuelto echar a rodar los fundamentos de este género que hoy se sigue enriqueciendo con nuevas variantes y expresiones alternativas.

Buddy Bolden es una leyenda y aunque su aporte como inventor del jazz es una historia repetida hasta el cansancio, cierto es que habrá que consagrarlo en el panteón de los padres fundadores porque el jazz, que en ese entonces fines del siglo diecinueve- no se llamaba jazz, comenzó a tomar forma a partir de la decisiva

irrupción de King Bolden.

Su historia es tan atrapante que llama la atención que el cine no le hubiera dedicado un protagónico. Esa omisión concluye ahora, porque en mayo próximo se estrenará en los Estados Unidos la película Bolden, where the music began, dirigida por Dan Pritzken, con la actuación de Gary Carr, Yaya Da costa y Reno Wilson y cuya banda de sonido fue compuesta e interpretada por Wynton Marsalis. La banda sonora estará disponible como disco y en las plataformas digitales a fin de abril, mientras que la película llegaría a la Argentina este año, en diversos formatos.

Bolden, el film, no es una biopic en el sentido tradicional. La necesidad de alimentar la leyenda abre las puertas a una historia con licencias diversas, pero la esencia se afinca en lo que todo el mundo asume: que Buddy Bolden fue un pionero del jazz.

Músico autodidacta, aquejado por problemas mentales y aplicado al alcohol, Bolden fue un suceso en la última década del siglo diecinueve, cuando apenas salía de su adolescencia. Comenzó a tocar profesionalmente en una banda dirigida por Charles Galloway pero pronto armó la suya propia. A fines de siglo eran dos las agrupaciones que competían por obtener contratos en salones de baile: la de Bolden y la del violinista John Robichaux. Ambos grupos solían tocar en los parques Lincoln y Johnson de Nueva Orleans, en los que se reunía la comunidad negra. En su imprescindible libro Historia de la música negra norteamericana, Eileen Southern relata que el vigor de la trompeta de Bolden lograba atraer a los bailarines que convocaba Robichaux, lo cual lo terminó transformando en indiscutido líder musical de aquellos tiempos de insinuaciones jazzísticas. Era su momento, el momento de King Oliver, como se lo empezó a llamar.

Su sonido incluyó elementos del blues y del ragtime y su banda cobró notoriedad por la inclinación de los músicos a improvisar, dato que seguramente indujo a los historiadores a calificar a Bolden como uno de los patriarcas del jazz. Los relatos de sus hazañas se han transmitido a través de las generaciones, pero no se conocen grabaciones que permitan certificar la magnitud de la leyenda. Jelly Roll Morton, en 1938, le dedicó el Buddy Boldens Blues.

Sus últimas apariciones en escena datan de 1906. Un año más tarde fue internado en un hospital para enfermos mentales en Jackson, Louisiana, donde se recluyó lejos de la música hasta su muerte, 24 años después.