Orozco quedó obligado a una apuesta fuerte en la transición de los Leones

Pasaron dos años y siete meses de aquel glorioso 18 de agosto de 2016 en el que en el complejo Deodoro de Río de Janeiro aquellos muchachos que durante mucho tiempo habían estado a la sombra de las Leonas y que habían jugado hasta hacía poco torneos menores para meterse en la elite (en 2012…

Orozco quedó obligado a una apuesta fuerte en la transición de los Leones

Pasaron dos años y siete meses de aquel glorioso 18 de agosto de 2016 en el que en el complejo Deodoro de Río de Janeiro aquellos muchachos que durante mucho tiempo habían estado a la sombra de las Leonas y que habían jugado hasta hacía poco torneos menores para meterse en la elite (en 2012 disputaron el Champions Challenge de Quilmes, por ejemplo), alcanzaron la gloria olímpica. Una camada de jugadores notable y un DT que los hizo creer en ellos y en el trabajo fueron los dos pilares del suceso más grande de la historia del hockey sobre césped nacional.

Por distintas circunstancias el plantel de los Leones hoy tiene sólo al 50 por ciento de los hombres que arrancaron la aventura carioca (a los 16 originales se sumaron Isidoro Ibarra y Luca Masso por las lesiones de Matías Paredes y Matías Rey). Entonces, a Germán Orozco, el sucesor de Carlos Retegui, le tocó el proceso lógico de un recambio que aspira a que el equipo llegue en las mejores condiciones a Tokio 2020.

Mairco Casella, uno de las caras del recambio de Los Leones //FIH

Sin más alternativa, el entrenador debió utilizar la competitiva Liga Pro para empezar a darles minutos a jugadores sin o con muy poca experiencia internacional. Ya para el partido debut contra Bélgica en Córdoba hubo muy buenas apariciones como las de Nicolás Keenan, Federico Fernández Onega y Juan Ignacio Catán, quienes también estuvieron en la victoria contra Holanda. Y en la dura gira por Oceanía, en la que Argentina le ganó a Nueva Zelanda y perdió por apenas un gol contra Australia, se sumaron Federico Monja, Thomas Habif (hermano de Florencia y Agustina, dos Leonas), Lucas Toscani y Nicolás Acosta, un rosarino dueño de una historia particular porque superó un cáncer en la adolescencia, época en la que se escapaba de su casa para ir a jugar al hockey o les pedía a los médicos que le adelantaran las sesiones de quimioterapia para acompañar a sus amigos a los partidos.

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Orozco y el resto del cuerpo técnico del seleccionado argentino ya manifestaron su gran conformidad con los desempeños de los más chicos. “Entendieron muy bien cómo jugar con la bocha y sin ella. Supieron soportar la presión y el compromiso de sumarse a un equipo que es campeón olímpico”, deslizaron en cercanías del DT.

El hockey cambió mucho en los últimos años y se sabe desde hace rato que no se puede depender de una individualidad. El estilo moderno de los principales equipos obliga a buscar mucho las asociaciones entre los jugadores y el hockey en equipo es lo que deben valorar más los Leones. Más aún después de la renuncia de Gonzalo Peillat, el mejor arrastrador de corners cortos del mundo quien hasta el Tres Naciones de Santiago que se jugó en enero fue la principal vía goleadora del conjunto nacional. Esa independencia del fijo se vio claramente en las victorias contra Holanda y Nueva Zelanda: de los seis goles conseguidos en ambos partidos sólo uno -el de Maico Casella en Auckland- fue por una arrastrada directa.

Lucas Vila, uno de los sobrevivientes del plantel campeón olímpico, fue uno de los protagonistas de la reacción argentina ante Australia en Sydney por la Liga Pro. //FIH

Los chicos que empezaron a dar sus primeros pasos en la Selección necesitan el respaldo de un equipo o, al menos, deben jugar junto a hombres de experiencia para explotar mejor sus condiciones. Todos ellos demostraron tener las ganas suficientes para meterse en el sistema y quedarse por mucho tiempo en el plantel. Pero eso sólo no es suficiente.

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Por eso Orozco amplió la base de jugadores. Y quedó demostrado que los nuevos también pueden reaccionar ante las adversidades como pasó en los primeros dos cuartos contra Australia en Sydney. En ese primer tiempo el equipo fue sometido primero y vapuleado después. Sólo la formidable actuación de Juan Manuel Vivaldi impidió que el 3-0 parcial fuera aún más catastrófico. Dicen que la charla del entretiempo en el vestuario no fue tal. Porque en realidad fue un monólogo de Orozco, que descargó toda su bronca para que el equipo se despertase. Y lo hizo. Argentina reaccionó, se hizo cargo del partido con la intención de jugar y no se dejó llevar más por delante por un adversario superior. Los más pibes, bancados por un puñado de grandes (Vivaldi, Ortiz, Vila, Paredes e Isidoro Ibarra), ratificaron que pueden jugar al máximo nivel internacional. El domingo 31, en Rosario y ante España, tendrán una nueva chance de ratificarlo.