Julio Velasco, un docente en el deporte del que Argentina no puede ni debe prescindir

Sería un error muy grave dimensionar la notable carrera de Julio Velasco solamente desde los números, más allá de que ellos son elocuentes y son la cara visible de un éxito que pocos han conseguido en el mundo del voleibol. Lo importante, al analizar la trayectoria del platense que en 2000 fue elegido uno de…

Julio Velasco, un docente en el deporte del que Argentina no puede ni debe prescindir

Sería un error muy grave dimensionar la notable carrera de Julio Velasco solamente desde los números, más allá de que ellos son elocuentes y son la cara visible de un éxito que pocos han conseguido en el mundo del voleibol. Lo importante, al analizar la trayectoria del platense que en 2000 fue elegido uno de los tres mejores directores técnicos del siglo XX por la propia Federación Internacional de Voleibol, no pasa entonces por sus títulos sino por su legado, dentro y fuera de la cancha.

Velasco no fue sólo un entrenador. O, mejor, no fue sólo un gran entrenador. El fue, sobre todo, un docente en el deporte. De los que no abundan en el mundo. De los que faltan en Argentina. Lo bueno es que se trata de un ser tan generoso que no se quedó en enseñarles a sus jugadores. También lo hizo (y lo hace) con cualquiera que se sentara (o se siente) a conversar con él. Y no solamente del deporte que lo cobijó cuando dejó de lado sus sueños de futbolista en Estudiantes o sus estudios de Filosofía cuando la dictadura le había secuestrado a su hermano y matado a algunos de sus mejores amigos.

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Casi dos décadas antes de que el deporte nacional recibiera una de sus mejores noticias en los primeros días de 2014 -cuando dejó Irán para volver a la Selección argentina después de un paréntesis de 31 años-, Velasco fue invitado a un popular programa de la TV italiana y le preguntaron qué significa “ganar”. “Ganar un partido o un torneo -respondió y sorprendió- está bien, pero vivimos en una sociedad que pretende que la vida sea un campeonato. Se habla de el auto de los campeones, la comida de los campeones. Parecería que lo único importante es ganar cuando perder también tiene su valor porque siempre se aprende de una derrota”. Velasco sabía de qué hablaba aunque su derrota más importante llegaría al año siguiente en la definición de los Juegos Olímpicos de 1996 que perdió en el quinto set con su Italia, a la que llevó a la cima del mundo, frente a Holanda.

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“Tenemos que ser orgullosos -dijo alguna vez-, pero no arrogantes; agresivos, pero con fair play; competitivos, pero honestos; respetuosos de todos, pero sin miedo a nadie; correctos, pero también rebeldes”. Velasco decidió alejarse definitivamente del voleibol y aunque no dio demasiadas precisiones todo hace prever que se quedará en Italia. De todos modos el deporte argentino debe hacer un intento: gente como Velasco, que se formó intelectual y profesionalmente en nuestro país, no puede quedar en el olvido. Habrá que convencerlo de alguna manera para que aporte sus conocimientos, su experiencia, su personalidad. El vapuleado deporte nacional que muchas veces navega sin rumbo, tiene que sacarles el jugo a los docentes. Y Velasco es el mejor en ese rubro.