Lucas Guzmán logró un oro anhelado y sigue agigantándose en el taekwondo

Lucas Guzmán observa el piso. Saluda a Brandon Plaza, el mexicano al que acaba de ganarle la medalla de oro en la categoría hasta 58 kilos de taekwondo en los Juegos Panamericanos. Se arrodilla. Mira al cielo y eleva los brazos. Su entrenador, Gabriel Taraburelli, lo cubre con una bandera argentina y lo abraza. El campeón…

Lucas Guzmán logró un oro anhelado y sigue agigantándose en el taekwondo

Lucas Guzmán observa el piso. Saluda a Brandon Plaza, el mexicano al que acaba de ganarle la medalla de oro en la categoría hasta 58 kilos de taekwondo en los Juegos Panamericanos. Se arrodilla. Mira al cielo y eleva los brazos. Su entrenador, Gabriel Taraburelli, lo cubre con una bandera argentina y lo abraza. El campeón Panamericano en Lima 2019 no está solo. Ni física ni espiritualmente.

“En ese momento quería agradecerle a Dios, en primer lugar, por haberme dado la posibilidad de llegar a la final y ganarla. Tengo cuatro Panamericanos de taewkondo en los que llegué a la final y perdí. Pero esta vez fui con Dios y ese era mi objetivo. Más allá de ganar o perder, quería que estuviese conmigo acompañándome. Y le agradezco a Él por todo”, le cuenta a Clarín minutos después de mostrarles a todos los espectadores de los cuatro costados del Polideportivo Callao una remera gris que dice “Perdamos o ganemos, la gloria es para Dios siempre”.

El podio. Lucas Guzman, en lo más alto. (Foto: Maxi Failla/Enviado especial).

Aunque acaba de conseguir algo histórico, imitando a aquel ídolo que hace unos años seguía por TV y hoy comparte la delegación argentina como oficial, el campeón olímpico en Londres 2012 Sebastián Crismanich, Guzmán no se olvida del arranque de esta pasión que hoy lo llevó al oro.

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Papá Eduardo, integrante del seleccionado argentino de taekwondo en la década del 90, y mamá Elizabeth, profesora de educación física, fueron dos pilares cuando a Lucas comenzó a atraerle el deporte y empezó a practicarlo en un gimnasio de Libertad, en el partido de Merlo. Los entrenamientos empezaban muy temprano y en invierno el frío y el amanecer tardío no hacían una buena combinación con la inseguridad. Por eso, sus padres se esforzaron en crear la Academia Sung-Do, un gimnasio de 10 metros cuadrados que abrió sus puertas en 2011, un año después del bronce de Lucas en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur. Tampoco bajó los brazos en febrero cuando la vida le dio el golpe más duro con la muerte de su mamá.

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“La verdad es que hoy en día todos ven el podio y la medalla pero atrás hay mucho sufrimiento y cosas dejadas. Dejar a mi familia me cuesta un montón, dejar a mis hermanos después de lo que pasó con mi mamá a mí me cuesta mucho pero les di gracias a ellos porque siempre me están bancando y dándome una palabra de aliento para que yo siga y no me rinda“, cuenta ahora con 25 y después de un año en el que también logró el que era (hasta ahora) el impacto más fuerte de su carrera: la medalla de bronce en el Mundial de Manchester, lo que representa la quinta presea mundialista para Argentina.

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Ahora, en Lima, consiguió en un día brillar lo suficiente como para dejar atrás la medalla de bronce de Toronto 2015 y cumplir con su objetivo, para que el que se entrenó tan duro que no hubo recreo ni en su cumpleaños número 25, el 17 de julio, cuando apareció temprano en el CeNARD para cumplir con su religiosa preparación rumbo a sus segundos Juegos Panamericanos.

Antes de salir a combatir, y aunque cuando compite prefiere “no estar mucho con el celular”, Lucas avisó a su familia en Merlo que había dado el peso para competir este sábado, una rutina que cumple en cada torneo. “También si hablamos de recibir mensajes, hoy soñé con mi mamá. Y me dijo que me iba a regalar una libreta, no sé porqué”, sonríe. “Yo le dije: ‘Bueno, ojalá mamá’. Y me desperté con ese sueño y le pedí a Dios, sin entender bien lo que había soñado. Hoy creo que lo entendí: me estaba diciendo que viene algo grande y que recién empieza. Me acuerdo que también le dije ‘no, mamá, recién estoy empezando‘ y creo también que eso es parte del mensaje. Al final fue algo muy positivo”. 

Si los sueños, sueños son, los de Lucas Guzmán son grandes y llenos de amor.

Lima, Perú. Enviada especial

JCh.