A Magnus Carlsen le cortaron su racha ganadora, pero mantiene un asombroso invicto en el ajedrez mundial

Si llegar a la cima es difícil y más complicado aún es mantenerse a tope en la elite, Magnus Carlsen demuestra que no lo asustan el bronce, la historia, la presión ni las comparaciones con los gigantes del ajedrez mundial. El “cibergenio”, como lo denominó en una entrevista inolvidable con Clarín el español Leontxo García,…

A Magnus Carlsen le cortaron su racha ganadora, pero mantiene un asombroso invicto en el ajedrez mundial

Si llegar a la cima es difícil y más complicado aún es mantenerse a tope en la elite, Magnus Carlsen demuestra que no lo asustan el bronce, la historia, la presión ni las comparaciones con los gigantes del ajedrez mundial. El “cibergenio”, como lo denominó en una entrevista inolvidable con Clarín el español Leontxo García, máximo divulgador de habla hispana del juego-ciencia, da muestras de que su reinado es inexpugnable.

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En Saint Louis, Estados Unidos, al noruego le había ido pésimo en los torneos a ritmo rápido y blitz (relámpago) que forman parte del Grand Chess Tour, circuito cerrado y reservado para la altísima elite del “juego-ciencia”. Por eso avisó que no llegaba con el mejor ánimo a la Copa Sinquefield de ritmo pensado. “Si me va mal, empezarán a oler sangre y vendrán por mí”, dijo sobre los grandes maestros rivales. 

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Después de igualar las primeras nueve partidas, le ganó la décima al estadounidense Wesley So y la undécima al francés Maxime Vachier-Lagrave. Pero en el desempate del jueves perdió frente al chino Ding Liren, tercero del ranking mundial con un ELO de 2.811 puntos, a apenas uno del ítalo-estadounidense Fabiano Caruana. Y a Carlsen se le cortó su racha victoriosa.

Magnus Carlsen abandona en la partida relámpago final del desempate de la Copa Sinquefield de ajedrez, por lo que el chino Ling Diren se consagró campeón.
Foto: Grand Chess Tour

Con su derrota por 2-0 en las partidas a ritmo relámpago (5 minutos por jugador, más 3 segundos por movida) ante el fenómeno chino, quien junto a él había sumado 6,5 puntos en las 11 rondas del campeonato, al prodigio noruego se la acabó una auténtica montaña rusa de victorias.

Es que poco más de un año, Carlsen había ganado los últimos seis torneos que jugó a ritmo pensado, más el match disputado por el título mundial ante Caruana.

Todo había comenzado justo en la Copa Sinquefield de 2018, donde compartió el título junto a Caruana y al armenio Levon Aronian, con 5,5 en 9 rondas (2 triunfos y 7 tablas).

Su gira mágica y misteriosa, porque los grandes maestros rivales intentaban descubrir el misterio de cómo vencerlo, siguió en Wijk Aan Zee, Holanda, donde triunfó con 9 puntos en 13 ruedas (5 victorias y 8 tablas).

La progresión ganadora continuó en Shamkir, Azerbaiyán, con 7 en 9 (5-4); en el Grenke Chess de Karlsruhe y Baden-Baden, Alemania, con 7,5 en 9 (6-3); en el Norway Chess de Stavanger, Noruega, con 13,5 en 18 (2-7 en partidas a ritmo pensado); y en Zagreb, Croacia, con 8 en 11 (5-6).

Todo culminó en Saint Louis. Bah, no todo. Porque lo que no se le terminó al noruego de 28 años es su invicto de 90 partidas en torneos a ritmo clásico, jugadas contra rivales que integran la crema de la crema del ajedrez mundial.

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Carlsen no pierde desde hace 395 días a ritmo pensado. Hay que remontarse al 31 de julio de 2018 para descubrir la última vez que Carlsen le extendió la mano a un rival en señal de abandono. Sucedió en Biel, Alemania, donde el azerí Shakryar Mamedyarov lo venció con blancas en la penúltima ronda, en 57 movidas de una Defensa India de Rey.

Desde aquella derrota sobre el tablero, construyó un invicto de 90 partidas, en base a 29 triunfos y 61 tablas en un año y 29 días. “Cuando juega al nivel que demuestra en este momento, es como Bobby Fischer en las décadas de 1960 y 1970. Si competís contra él en un torneo, los demás sólo jugamos por nuestra victoria: salir segundos”, describió So, octavo del ranking y segundo hasta agosto de 2017.

El noruego Magnus Carlsen camina en la sala de juego de la Copa Sinquefield de ajedrez.
Foto: Grand Chess Tour

Al campeón mundial de cachetes inflados, cara de niño y modelo publicitario le quieren ganar todos. Si hasta parece que solamente jugara contra la firma de más récords. Porque si Carlsen se fue de Saint Louis con un algún debe en su balance, es por haber quedado muy cerquita de su máximo ranking mundial.

Es que el noruego llegó a la Copa Sinquefield luego de haber igualado su máximo ELO, los mismos 2.882 puntos que había logrado en mayo de 2014. Sí, hace 5 años y unos meses. Bestial.

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Como un ajedrecista suma puntos si vence o entabla con un rival de mayor ranking y pierde puntos si cae o iguala contra uno de menor ELO, Carlsen siempre está obligado a ganar para mejorar su ranking. Pavada de presión.

Si hubiera vencido al holandés Anish Giri (cuarto con 2.779) en el arranque de la Copa financiada por el magnate Rex Sinquefield en Saint Louis, el noruego habría quebrado su récord de puntos.

Y, lo más insano aún, se habría ubicado más cerca aún de los 2.900 que parecían inalcanzables para un humano hasta no hace poco. Hasta que Carlsen puso en duda esa certeza. No se le dio a Magnus esta vez. Pero habrá otras.

Magnus Carlsen, en la entrevista después de una ronda en la Copa Sinquefield de ajedrez.
Foto: Grand Chess Tour

Hoy parece que jugara al ajedrez solamente contra su preparación, su mente y su ingenio. Los aficionados, chochos con ser contemporáneos del genio. Los maestros, deseosos de mayor aprendizaje con sus partidas. Y los grandes maestros top, impávidos por lo que les cuesta hacerle sombra.

Al menos Giri encontró la forma de tomárselo con soda y humor: “Hay que esperar que pase la tormenta. Eventualmente, se pondrá viejo”.