La prédica liberal nos debilitó ante el coronavirus

El impacto destructivo final del coronavirus sobre la economía es incierto. La paralización total de grandes actividades y los límites de funcionamiento de muchas otras obligaron a las consultoras y oficinas gubernamentales en todo el mundo a borrar sus proyecciones anteriores y diseñar nuevos escenarios. La variable clave e impredecible es la extensión temporal de…

La prédica liberal nos debilitó ante el coronavirus

El impacto destructivo final del coronavirus sobre la economía es incierto. La paralización total de grandes actividades y los límites de funcionamiento de muchas otras obligaron a las consultoras y oficinas gubernamentales en todo el mundo a borrar sus proyecciones anteriores y diseñar nuevos escenarios. La variable clave e impredecible es la extensión temporal de las medidas sanitarias de emergencia restrictivas de la actividad.

Se calcula que el perjuicio económico superará al de la crisis financiera internacional que se había combinado también con el virus de la influenza A (H1N1) y había provocado una caída de la actividad mundial en 2009 del 1,7%. La titular del FMI, Kristalina Georgieva, consideró que la recesión global por el Coronavirus podría ser tan mala o peor que la última depresión. Esto significa que el impacto implicaría un recorte de 5 puntos porcentuales de PBI mundial respecto a su última estimación previa a la declaración de la OMS de la pandemia.

El Instituto de Finanzas Internacionales también redujo en una magnitud muy importante su expectativa de crecimiento global. Hasta principios de marzo esperaba un alza del 2,6%; en los últimos días lo revisó y prevé una baja del 1,5%. El gobierno alemán pasó de pronosticar un crecimiento de su economía del 1% en 2020 a considerar que la recesión podría implicar una baja en torno al 5%. La Fed proyectaba una expansión de la economía estadounidense de entre el 2% y el 2,25% para este año y ahora organizaciones privadas, como el Bank of America, estima que ese país tendrá una caída del 12% de su PIB en el segundo trimestre de 2020 y, con una performance mucho mejor para el segundo semestre, calcula una contracción del 0,8% para todo 2020.

A nivel local, llamativamente, las consultoras privadas publicaron esta semana pronósticos de reversión de expectativas mucho más moderados, a pesar de la mayor fragilidad de la economía argentina en relación al resto del mundo. Casi todos los consultados por el BCRA (normalmente hay muy baja variabilidad en sus pronósticos, pese a que se equivocan groseramente) esperaban una contracción de entre 1,5-2% en 2020. Ledesma y Asociados, de acuerdo a lo informado el pasado domingo por Clarín, calculaba una baja del 1% antes de la pandemia y ahora vaticina una contracción de, al menos, el 4%. Analytica, por su parte, informó que preveía una baja del PBI de entre el 1% y 1,5% y pasaron a prever una baja dos puntos porcentuales mayor. La que proyecta la posibilidad de menor impacto del Covid-19 es Quantum Finanzas, la consultora del ex secretario de Finanzas bajo la conducción ministerial de Domingo Cavallo. Sin la pandemia, preveía una caída 1,6-1,8% en 2020 y ahora sostiene un escenario donde espera que la merma pueda estar en el orden de sólo el 2,6%.

Ojalá el efecto del virus sea tan bajo para Argentina, pero desafortunadamente el impacto va a ser superior y parece imposible que sea menor que el esperado a nivel global (en torno de los 5 puntos porcentuales de PBI). En septiembre pasado, en esta columna, evalué como no disparatado que la economía podía llegar a crecer 1%, como estaba indicado en el Presupuesto Nacional 2020. Pero la paralización de las actividades por la pandemia no puede implicar una reducción de solo entre 1 y 3 puntos porcentuales del PBI. El efecto total es imposible de calcular por la incertidumbre actual pero, por lo acontecido hasta ahora, el piso ya parece ser bastante más elevado que lo previsto por esos analistas.

La recesión global probablemente será mayor que la de 2009 y así podría llegar a ser la peor de las últimas tres décadas. Por fortuna, existe en la actualidad pleno consenso sobre la importancia de las herramientas de políticas públicas para reactivar a las economías. Por eso, no hay análisis que se hayan difundido de forma masiva que no prevean una fuerte intervención estatal en los mercados que implique una vigorosa y rápida recuperación. Pero la característica más peligrosa del virus, su muy alta capacidad de propagación, obliga al aislamiento social como principal medida preventiva. El daño económico que eso implica es enorme. Si bien el desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación facilitan la actividad y las transacciones, la economía depende también del intercambio material y así el golpe solo podrá eludirse parcialmente.

Un aspecto positivo entre tantos daños es la revitalización del rol del Estado en la economía. No hay ninguna economía en el mundo afectada por la pandemia que no esté diseñando y aplicando planes de políticas para paliar la crisis. Tristemente, el fuerte lobby local de los economistas liberales en contra de la participación pública en los mercados facilitó el recorte de recursos en áreas públicas sensibles que deberían haber estado mucho más fortalecidas para detener el avance del virus, como en salud, educación, ciencia y tecnología e industria. Más allá de los actuales muy valorados esfuerzos, los magros recursos y salarios de la administración pública, recortados intensamente en el gobierno de Mauricio Macri, le restan potencia a la intervención. Los países que más activamente han ejercitado esa participación con presupuestos relevantes en esos sectores, como China, Corea y los países nórdicos, son los más capacitados hoy para combatir el virus y desarrollar paquetes de estímulos en sus mercados. Medidas detestadas por los economistas liberales, como los controles de precios de los bienes esenciales para combatir la pandemia, son moneda corriente por parte de los Estados. La amenaza de desabastecimiento es sorteada con férreas políticas de administración de la producción y multas que desincentivan esas prácticas. Los gobiernos de Alemania o Francia ya advirtieron que, en caso de ser necesario, nacionalizarán las empresas que requieran sostener estratégicamente. Las economías europeas, de Japón o Corea que, aun sin ser competitivas en la producción de ciertos bienes indispensables como alimentos, mantuvieron soberanamente la protección y los subsidios multimillonarios, hoy evitaron el peligro de quedarse sin abastecimiento interno.

Los economistas liberales en nuestro país plantean que, solo por excepción, es correcta la intervención ante la emergencia. La mirada es corta. Sin haber ejercitado el músculo de la participación pública en la economía, la acción sería aún considerablemente más limitada. Ojalá que en nuestro país, después de esta catástrofe, haya más conciencia sobre la relevancia de un Estado presente.


La prédica liberal nos debilitó ante el coronavirus


Repartir los costos de forma solidaria


La destrucción de empleos, el dato fidedigno más lamentable


La compleja misión de bajar la inflación


¿Los bancos siempre ganan?


Avanti la recuperación industrial


Jubilaciones y salarios: achatamiento de la pirámide o reconstitución


El discurso aperturista ataca de nuevo


Modelos en disputa


El círculo virtuoso de la producción


Newsletter

Enterate de lo que pasa con el dólar, en los mercados y el mejor análisis económico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *