La intimidad del “campamento burbuja” de 10 días que le permitió al Súper TC2000 competir en Buenos Aires

En tiempos de pandemia de coronavirus y de situaciones atípicas, el Súper TC2000, la categoría más tecnológica del automovilismo de la región, arrancó hace 10 días la temporada 2020 con dos fechas seguidas en el mismo lugar: el autódromo Oscar y Juan Gálvez. Allí se instaló una “burbuja” con la mayoría de los equipos provenientes desde Córdoba, para…

La intimidad del “campamento burbuja” de 10 días que le permitió al Súper TC2000 competir en Buenos Aires

En tiempos de pandemia de coronavirus y de situaciones atípicas, el Súper TC2000, la categoría más tecnológica del automovilismo de la región, arrancó hace 10 días la temporada 2020 con dos fechas seguidas en el mismo lugar: el autódromo Oscar y Juan Gálvez. Allí se instaló una “burbuja” con la mayoría de los equipos provenientes desde Córdoba, para hacer frente a una experiencia única: acampar en el autódromo y mantener los protocolos vigentes para no amedrentarse frente al Covid-19.

No fue fácil, pero el Súper TC2000 lo logró. Puestos sanitizantes, tapabocas obligatorios, distanciamiento social, alcohol en gel por doquier y la toma de temperatura constante acompañaron a los tests y análisis de propios y extraños en la limitada cantidad de habitantes en un predio con generosas estructuras de cemento que se mostraban frías ante la falta de público.

La experiencia fue positiva. Se logró tras un minucioso y permanente trabajo de los diversos actores del automovilismo nacional. El autódromo de Buenos Aires siguió las directivas del Gobierno de la Ciudad. De manera conjunta trabajó la Asociación Argentina de Volantes, con su detallada labor con los pilotos. El Automóvil Club Argentino determinó parámetros desde lo institucional y el Súper TC2000 activó protocolos que fueron copiados por otras disciplinas deportivas.

“Lo menos que podía devolver a mi equipo era un triunfo. Esta semana que estuve en la casilla en el autódromo vi cómo los mecánicos del equipo Renault se levantaban a las 6 y trabajaban todo el día, para acostarse bien tarde. ¿Qué otro resultado debo darles?”, comentaba Facundo Ardusso, vencedor del Súper TC2000 en la segunda carrera.

Facundo Ardusso, en plena “burbuja” en el Gálvez.

El automovilismo, el primer deporte en regresar a nivel nacional en medio de la pandemia, vivió dos semanas distintas en el Gálvez. Ahora bien. ¿cómo fue vivir en el autódromo estos días? Cada equipo tenía su “campamento” definido. Al desarrollarse las competencias a puertas cerradas, algunos se instalaron detrás de la tribuna principal, mientras que otros lo hicieron en la parte trasera del patio de boxes.

“En el equipo Honda tenemos varias casillas para dormir. Hay otra para almorzar y cenar, en la que nos turnamos para mantener la distancia en las comidas. Entre los 13 mecánicos, el cocinero, el chofer, ingenieros y el responsable de equipo que nos alojamos aquí, una sola persona está autorizada a salir del autódromo para comprar (se prohibió el uso del servicio de delivery). Así respetamos todos los protocolos establecidos”, comentó Juan Ángel Rosso, uno de los pilotos de la estructura de la marca japonesa.

“Desde el Autódromo BA, proyectamos una logística integral para poder llevar a cabo eventos con la característica del Súper TC2000. Lo más importante es que se respeten los protocolos en todo momento. Con contención, seguridad y cuidado, los equipos pasaron dos semanas instalados en el predio”, le dijo Juan Cruz Fernández, director deportivo del autódromo porteño, a Clarín.

El plan de acción elaborado desde el predio de Villa Lugano, de manera conjunta con el resto de las entidades deportivas y gubernamentales de la Ciudad, proyectó la descentralización de los boxes y se puso en condiciones la Zona 1 del predio, para que los equipos puedan instalarse en células, con el distanciamiento y los cuidados (médicos, higiene y seguridad) necesarios, para poder convivir en armonía durante la estadía.

El Gálvez fue la sede del
Súper TC2000 durante dos semanas-
Foto: Mario Quinteros

“Fue esencial la relación y el diálogo con las categorías y sus equipos. Consensuamos pautas claras de convivencia, las cuales fueron respetadas en todo momento. Nuestro espacio estaba preparado para alojar 60 casillas. Contemplamos la cantidad de gente durante la semana y delimitamos el perímetro para respetar el distanciamiento y disminuir los riesgos. Acordamos horarios y sectores específicos de trabajo, aprovechando las dimensiones que ofrece el predio”, agregó Fernández.

Quienes residen en la Ciudad de Buenos Aires o el Gran Buenos Aires, salieron del autódromo y descansaron en sus hogares. Cada vez que reingresaban al circuito, personal de la AAV sanitizaba a cada persona (alcohol en gel, cabina y toma de temperatura), como así también se desinfectaban los vehículos.

Rubens Barrichello se alojó solo en un hotel de la Ciudad.
Foto: Mario Quinteros

Las luces de alarma se encendieron con un caso positivo. Fue el que arrojó el piloto Julián Santero, del Toyota Gazoo Racing. Gracias a los protocolos establecidos conjuntamente con el equipo (el presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, fue otro protagonista clave en las gestiones previas), no se extendió el caso. Santero no acudió al autódromo y los mecánicos y el ingeniero de su Corolla, que dieron negativo en sus respectivos tests, volvieron en una “burbuja” a Córdoba, lugar de origen del equipo.

El Súper TC2000, de manera conjunta con el TC2000, la Fórmula Renault 2.0 y la Fiat Competizione, pasaron una experiencia vital para la continuidad de la actividad en un escenario de pandemia.

Bajo estrictos protocolos, con la concientización adecuada y en un autódromo vacío, sin público, el automovilismo cumplió con la responsabilidad de desarrollar un espectáculo deportivo con total responsabilidad. Y con la experiencia del “campamento burbuja”, que será moneda corriente, al menos, durante lo que resta de la particular temporada.

Especial para Clarín

HS

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