Jeff Bezos vs. Elon Musk: los dos hombres más ricos y una guerra fría de cohetes por la conquista del espacio

Los dos hombres más ricos del planeta tienen varios intereses compartidos. Uno de los puntos que une a Jeff Bezos y a Elon Musk es la fascinación tecnológica. Esto los lleva a desarrollar naves espaciales cada vez más potentes, con una mayor capacidad de carga y la posibilidad de volver a emplear los mismos cohetes en…

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Los dos hombres más ricos del planeta tienen varios intereses compartidos. Uno de los puntos que une a Jeff Bezos y a Elon Musk es la fascinación tecnológica. Esto los lleva a desarrollar naves espaciales cada vez más potentes, con una mayor capacidad de carga y la posibilidad de volver a emplear los mismos cohetes en nuevos viajes.

Desde que la industria espacial privada reemplazó a las agencias estatales, un fenómeno que se gestó en los Estados Unidos pero que se replica en casi todo el mundo, la chance de colonizar nuevos planetas volvió a ser el sueño que rueda en una máquina diseñada para volar.

“Debe tenerse en cuenta que la industria privada estuvo presente desde los inicios del programa espacial estadounidense. Las cápsulas Mercury y Gemini fueron fabricadas por McDonnell, las Apollo por North American Aviation, diversos motores cohete por Rocketdyne, el transbordador espacial por Rockwell, los cohetes Atlas por Convair, los cohetes Titán y los impulsores del transbordador por Morton Thiokol, el módulo lunar por Grumman y algunas etapas de los cohetes Saturno por Chrysler”, acota Andrés Rodríguez, docente del departamento de ingeniería electrónica del ITBA.

A medida que SpaceX de Musk y Blue Origin de Bezos empiecen a sacar de sus hangares proyectos cada vez más innovadores, la posibilidad de que su inversión se convierta en un negocio redituable se multiplica.

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Fuente SpaceX | Blue Origin
Infografía: CLARÍN

Ya sea para turismo, llevar astronautas, exploración o posicionamiento de satélites, las opciones que se abren son casi infinitas. Sobre todo si el costo de los viajes se reduce.

Esta carrera privada fue una consecuencia del excesivo aumento que comenzaron a aplicar los cohetes Soyuz para mover astronautas.

Así, pasó de los 20 millones de dólares en 2010 a los 80 millones de 2018. Mientras que la Crew Dragon de SpaceX bajó a unos 55 millones de dólares el presupuesto.

La Crew Dragon de SpaceX volvió a llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional. Foto: AP

“La demanda de servicios de puesta en órbita de satélites parece ser creciente, y de hecho SpaceX está lanzando varios cohetes Falcon 9 por mes con esta finalidad. Se estima que un lanzamiento típico tiene un precio de alrededor de U$S 70 millones, con lógicas variaciones según las características de la misión y la posibilidad de reutilizar elementos recuperados de misiones anteriores”, advierte Rodríguez.

La clave del negocio está en la reutilización de los sistemas de lanzamiento, ya que cuantas más veces se los pueda aprovechar, menor será el costo de cada viaje. Esta es la razón por la que tanto SpaceX como Blue Origin buscan construir naves cada vez más sofisticadas.

Y si bien SpaceX parece tener una ligera ventaja por sobre su rival inmediato, ya que el Falcon 9, su vehículo de lanzamiento parcialmente reutilizable de dos etapas, realizó cientos de viajes. Esto es sólo apariencia.

Bezos espaciales

Semanas atrás, Jeff Bezos anunció que a finales de este año dejará el cargo de CEO de Amazon para dedicarse full time a impulsar su compañía Blue Origin, que fundó a principios del año 2000.

“Blue Origin también apuesta por la reusabilidad de sus vehículos, pero no tiene el grado de avance y la experiencia de SpaceX. Además del cohete New Shepard que está avanzado en sus vuelos de ensayo, espera desarrollar el New Glenn y el New Armstrong”, indica Rodríguez.

Desde entonces, atesoró algunos logros importantes. Con su New Shepard consiguió el primer aterrizaje vertical exitoso de un cohete que había ido al espacio y reutilizó el propulsor cuatro veces más.

El New Shepard se desarrolló con el objetivo de enviar a personas de forma segura y asequible al espacio en misiones suborbitales, donde pudieran pasar unos minutos en microgravedad y disfrutar de la vista del planeta desde lo alto. En su versión actual, en estas misiones deberían poder llevar a seis pasajeros.

New Glenn, una verdadera torre espacial de 98 metros, apenas más bajo que el histórico Saturn V.

Pero su pieza mejor valuada es el cohete New Glenn, una verdadera torre espacial de 98 metros –apenas más bajo que el histórico Saturn V- con un propulsor reutilizable de primera etapa, destinado a enviar satélites a la órbita. El lanzamiento inaugural será este año.

La primera etapa totalmente reutilizable de New Glenn, en honor al astronauta pionero John Glenn, está diseñada para un mínimo de 25 vuelos, lo que la hace competitiva para una variedad de mercados de lanzamiento.

A diferencia de su competidor, el New Glenn tiene dos veces el volumen de carga útil de cualquier vehículo de lanzamiento, lo que significa más espacio para satélites y la libertad de construir más capacidad.

Además, puede despegar y aterrizar en el 95% de las condiciones climáticas, lo que lo convierte en una opción confiable para los clientes de carga útil.

Las pruebas de Musk

Elon Musk celebra el exitoso lanzamiento del cohete SpaceX Falcon 9 con la nave tripulada Crew Dragon. Foto: AFP

SpaceX está desarrollando una nave para llevar gente y cargas útiles a la Luna, Marte y otros destinos lejanos. El sistema de transporte consta de dos piezas reutilizables: una nave espacial de 50 metros de altura llamada Starship y un enorme cohete conocido como Super Heavy. Ambos estarán propulsados por el motor Raptor de nueva generación.

“SpaceX puede recuperar las primeras etapas de los cohetes Falcon 9 y el carenado que cubre la carga útil. Dentro de otras innovaciones, se propone efectuar lanzamientos desde plataformas similares a plataformas petroleras marítimas, que podrían ubicarse en el ecuador para obtener el máximo beneficio de la velocidad rotacional terrestre”, sostiene Rodríguez.

Una vez completada la fase de prototipo, el sistema de lanzamiento reemplazará a Falcon 9 y Falcon Heavy. Su intención es competir con el Space Launch System (SLS) para llevar a la NASA a la Luna y más allá.

Con el optimismo que lo caracteriza, Musk fijó un ambicioso calendario para la Starship, declarando que el sistema debería comenzar a conducir colonos a Marte para el 2026 y podría incluso hacerlo en el 2024 “si tenemos suerte”.

SpaceX starships SN9 y SN10 esperan su momento de despegue. Foto: Reuters

Más allá de si se cumple en 2024 o dos años más tarde, el viaje al vecino Rojo no será económico, aunque el propio Musk indicó hace un año que el coste estaría por debajo de los 500.000 dólares.

El primer vuelo de prueba de la Starship se realizó el 9 de diciembre. El Starship Serial Number 8 (SN8) despegó con éxito de la plataforma, realizó las maniobras de descenso utilizando superficies de control, aunque explotó cuando intentaba aterrizar seis minutos y medio después.

A principio de febrero, el prototipo de la Starship SN9 sufrido un destino casi idéntico al de su predecesor, superando un lanzamiento, un ascenso y un descenso de casi seis minutos y medio antes de perder empuje, golpear el suelo con demasiada fuerza y explotar en el último segundo.

En la Luna

Jeff Bezos mostró su Blue Moon. Foto: Reuters

El objetivo capital de la NASA es volver a la Luna. Tras la cancelación de programa Apolo, el ser humano nunca ha vuelto a pisarla. Así, el proyecto Artemis propone que en 2024 se vuelve al satélite. Esto explicaría porque Blue Origin está adelantando sus planes.

En enero de este año, la agencia espacial estadounidense otorgó un contrato de servicios de lanzamiento para a Blue Origin y su cohete New Glenn. Uno de los proyectos más importantes de la empresa es Blue Moon, el módulo de aterrizaje lunar que debería transportar carga y personas.

En colaborando con Lockheed Martin, Northrop Grumman y Draper en un concepto más amplio que creen que la NASA podría usar para llevar a los astronautas a la superficie lunar de manera segura bajo su programa Artemis.

Algunas partes del sistema serían reutilizables y deberían integrarse bien en órbita lunar con la estación espacial Gateway de la NASA.

Hay otras empresas aeronáuticas que han logrado contratos de NASA para desarrollar vehículos que podrán usarse en futuras misiones a la Luna.

“Northrop Grumman, continuadora de Orbital Sciences Corp., también cuentan con capacidad de colocar cargas útiles en órbita y de reabastecer a la EEI. Boeing está desarrollando una cápsula tripulada llamada Starliner. Y ULA (United Launch Alliance, un emprendimiento de Lockheed Martin y Boeing) cuenta también con capacidad de colocar grandes cargas útiles en órbita mediante sus cohetes Atlas V”, detalla Rodríguez.

SL

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