De la inocencia de Discépolo al boicot de la Superliga Europea: los hinchas tironeados en una pelea de malos contra peores

Mauricio Macri se fue contento de la oficina del presidente de la AFA en la calle Viamonte. Es una de las tantas anécdotas que el fútbol argentino repite para graficar el poder que manejaba Julio Grondona y sus modos para ejercerlo. El por entonces mandamás de Boca había ido a verlo con un pedido: quería…

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Mauricio Macri se fue contento de la oficina del presidente de la AFA en la calle Viamonte. Es una de las tantas anécdotas que el fútbol argentino repite para graficar el poder que manejaba Julio Grondona y sus modos para ejercerlo. El por entonces mandamás de Boca había ido a verlo con un pedido: quería que se aprobara la modificación del Estatuto para el ingreso de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).

Don Julio lo escuchó como escuchaba a cada dirigente que pasaba por su despacho. “Me parece muy bien, cuando termine el Mundial, nos reunimos en Ezeiza, presentás el proyecto delante de todos los dirigentes, se vota y listo”.

Llegó el 20 de julio de 1998, la Selección Argentina de Daniel Passarella había quedado afuera en cuartos de final ante Holanda de la Copa del Mundo jugada en Francia. En Ezeiza, Grondona le dio el pie a Macri, que además de presidente de Boca era el secretario general de la AFA.

El final del cuento fue sumando condimentos con el paso del tiempo. Pero la moraleja es la misma: la iniciativa de Macri, que supuestamente ya contaba con el padrinazgo de Don Julio, se sometió a votación y perdió 38 a 1.

El caudillo que lideró a la AFA durante más de 30 años no necesitaba ver las manos levantadas para saber el resultado. Ya había anticipado la jugada en su oficina de la estación de servicio de Crucecita o en el fondo de la ferretería, al lado del corralón de Sarandí. “Perdimos, Mauri”, cerró con un dejo de impotencia.

Florentino Pérez, a quien Macri conoce desde antes de la final de la Intercontinental de Boca y Real Madrid y, es más, fue denunciado por beneficiar a una empresa constructora del español, vivió en estos días un paso en falso similar a aquel del ex mandatario argentino.


Los hinchas del Leeds protestan en Elland Road en la previa del partido ante Liverpool por la creación de la Superliga Europea. Foto: dpa

El castillo se derrumbó en 24 horas. El anuncio pomposo que parecía romper con el orden futbolero mundial e instaurar un nuevo paradigma bajo el nombre de Superliga Europea no llegó siquiera a tomar impulso. Y se desvaneció tras chocar contra una catarata de críticas desde todas las esferas: clubes, entrenadores, futbolistas y, sobre todo, hinchas.

El micro que traslada al plantel del Chelsea, uno de los 12 equipos fundadores de este torneo que ya dejó de serlo, no puede llegar a su estadio en Stanford Bridge. Pasan los minutos y no logra avanzar. Las autoridades de la Premier League anuncian que el partido ante Brighton se atrasará al menos 15 minutos. En las inmediaciones, cientos de hinchas dejan de lado sus camisetas unidos por el reclamo en común. “Creado por los pobres, robado por los ricos”, dice una de las pancartas improvisadas. “RIP Football 1863-2021”, se lee en otro cartón.

“No pasarán” era la consigna que sometía al micro del Chelsea pero que en realidad apuntaba a no dejarse llevar por la prepotencia de un grupo de clubes poderosos que, sustentados por capitales ajenos al fútbol y respaldados por conglomerados estadounidenses buscaban cambiar las reglas del juego.


Los hinchas ingleses en protestaron en la previa de Chelsea-Brighton. (Foto: AFP)

Vale aclararlo: el fútbol hace tiempo dejó de ser de los hinchas y más aún en Europa aunque ese sea el reclamo que se lee en las remeras que utilizan los futbolistas del Leeds de Marcelo Bielsa en el precalentamiento del partido ante Liverpool, otro de los clubes que arrancó arriba del barco de la Superliga y ya se bajó.

El “nunca caminarás solo” que identifica a las tribunas en Anfield ahora se transformó en la bandera que movieron los futbolistas, con su capitán Jordan Henderson, como impulsor para oponerse al proyecto.

Aquel romanticismo de Discépolo en la película “El Hincha” quedó encuadrado en su contexto, a mediados del Siglo XX. “¿Para qué trabaja uno si no es para ir el domingo y romperse los pulmones en las tribunas hinchando por un ideal?”, se preguntaba. “¿Qué sería de un club sin el hincha?, ¡seria una bolsa vacía! El hincha es el alma de los colores, ese que no se ve, ese que da todo sin esperar nada, ese es el hincha… ese soy yo”.

Lejos está la rebeldía genuina de los hinchas europeos de asimilarse a la caracterización que Discépolo hizo en 1951 aunque resultó el freno a una iniciativa por exacerbar aún más la brecha entre poderosos y relegados.

“Lo que le da salud a la competencia es la posibilidad del desarrollo de los débiles y no el exceso del crecimiento de los fuertes -dijo Bielsa después del 1-1 de su Leeds ante Liverpool-. Pero la lógica que impera en el mundo es que los ricos sean más ricos a costa de que los débiles sean más pobres y el fútbol no está fuera de eso”.

Jürgen Klopp, DT de los Reds, también se plantó contra el cambio de paradigma.

A diferencia de lo que ocurre en Argentina donde en los últimos años de Macri como Presidente volvió a surgir la intención de permitir el ingreso a los clubes de  Sociedades Anónimas Deportivas pero otra vez encontró un masivo rechazo, en el Viejo Continente a la gran mayoría de los clubes la manejan capitales ajenos a la pelota.

Alcanza con ver el cuadro de la recta final de la Liga de Campeones en el que Real Madrid, justamente el impulsor de la Superliga, es el único de los semifinalistas en el que los socios eligen a sus directivos.

Florentino Pérez fue reelegido el 13 de abril. No tuvo oposición e inició su sexto mandato. Así arranca su décimo octavo año al frente de la Casa Blanca, entre sus dos períodos (2000-2006 en el que tuvo a “Los Galácticos” y 2009-actualidad). En las vitrinas, su gestión sumó cinco Ligas españolas y seis Champions. 


Florentino Pérez dice que la Superliga se creará para evitar la muerte del fútbol. Foto: DPA

El rival del Real Madrid en las semis de la Champions será Chelsea, el mismo club cuyos hinchas coparon las instalaciones de Stanford Bridge el martes y empujaron a bajar de la Superliga. El mismo club que comanda Roman Abramovich, la décima persona más rica de Rusia según los datos de Forbes y cuyo imperio se basa en negocios energéticos.

El empresario ruso es el que lleva más tiempo instalado en el futbol europeo. Desembarcó en 2003 y empezó a romper el mercado con contrataciones millonarias. En su primera década al frente del club, pagó 1.300 millones de dólares solamente en la compra de futbolistas y se estima que desembolsó una cifra parecida en salarios y premios. Los argentinos Hernán Crespo (36 millones) y Juan Sebastián Verón (29 millones) fueron dos de las primeras adquisiciones del hombre que en 2006 compró la compañía petrolera Sibneft y ese año se convirtió en el más rico de Rusia.

En el mismo rubro crecieron las fortunas de los dueños de los otros clubes que buscarán en la otra semifinal su primera conquista de Europa.

Nasser Al-Khelaifi, el magnate qatarí dueño del París Saint Germain dispone de una fortuna de casi 20 mil millones de dólares.

Bajo esos parámetros, los 70 millones que puso a través de Qatar Sports Investments, el fondo de inversión que maneja, para comprar al club de la capital de Francia en noviembre de 2011 parecen un vuelto. Más aún los 500 mil euros que prometió para cada integrante del plantel si ganaban la final de la Champions 2020 frente al Bayern Múnich. No pudo ser.

Lo que sí pudo durante estos años es desembolsar 1.304 millones de euros en compras de futbolistas, entre las que se destacan las de Neymar (222 millones), Mbappé (145), Cavani (64,5) y Di María (63).

Al Manchester City, cuyo entrenador Pep Guardiola fue una de las primeras voces críticas de la gestación de la Superliga Europea, lo maneja Khaldoon Al Mubarak, ejecutivo de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dhabi. Cuando arribaron al club, iniciaron un proyecto urbanístico en los alrededores del estadio que costó 1.600 millones de euros. Así la cancha en la que brilló el Kun Agüero pasó a llamarse Etihad Stadium.

Los capitales provenientes de los Emiratos Arabes también están presentes en el Real Madrid para cerrar el combo, ya que la camiseta merengue tiene como sponsor principal a Fly Emirates. En 2017, la renovación del contrato con la marca hasta 2022 se firmó por un total de 280 millones de euros, superando ampliamente al Barcelona con Rakuten (55 millones de euros) y al Manchester United con Chevrolet (62 millones de euros).

El dueño del United, Joel Glazer, estadounidense que junto a su familia maneja una empresa de exploración petrolífera y también son dueños de los Tampa Bay, recientes campeones de la NFL, pidió perdón este miércoles por la inclusión del club en la Superliga europea y admitió que se habían equivocado. “En los últimos días hemos presenciado lo que genera la pasión en el fútbol y la profunda lealtad de nuestros aficionados. Nos equivocamos y queremos mostrar que podemos arreglarlo”, dijo Glazer.

Lo propio hizo el titular del Liverpool, John W. Henry, también empresario estadounidense que, según Forbes, tiene un patrimonio de casi 3 mil millones de dólares, al aclarar que la iniciativa no estaba destinada a contar con “el apoyo de los aficionados” pero aseguró que en estas 48 horas los escucharon y por eso dieron marcha atrás.

En contrapartida, tras las cataratas de renuncias, el príncipe Guillermo salió a elogiar a los seis clubes ingleses, los tres italianos y al Atlético de Madrid que anunciaron su salida de la Superliga. “Estoy encantado de que las voces de los aficionados del fútbol hayan sido escuchadas. Ahora es realmente importante que usemos este momento para asegurar la salud del deporte en todos los niveles. Como presidente de la federación inglesa, estoy comprometido a hacer mi parte de ese trabajo”, dijo.

En este contexto en el que Florentino Pérez y el presidente de la Juventus, Andrea Agnelli quedaron sindicados como los máximos responsables del fiasco de la Superliga, el que salió a inflar el pecho es el pope de LaLiga de España, Javier Tebas, quien disparó que el proyecto “hizo el ridículo y demostró la ignorancia de sus líderes”. Consultado sobre la insistencia del Real Madrid y la postura ambigua del Barcelona, tiró con ironía: “No lo sé, estarán preparando un torneo cuadrangular”.

Tebas, el mismo que hoy sale airoso de este laberinto, fue un consejero central de Macri para el impulso de la Superliga Argentina que comandó Mariano Elizondo. También Tebas fue quien asesoró a Marcelo Tinelli en la compra de acciones mayoritarias del Badajoz, en lo que sería la primera experiencia poco feliz del animador y empresario argentino en el fútbol.


Javier Tebas, presidente de LaLiga junto a Mariano Elizondo, quien fuera CEO de la Superliga Argentina, reunidos en 2017. Foto: Martin Bonetto

“Es público y notorio que la inmensa mayoría de las aficiones de España se han pronunciado en contra de la gestión de Tebas”, decía en 2016 Alex Aranzábal, expresidente del Eibar, que no pudo presentarse como candidato opositor a Tebas para manejar LaLiga porque le impugnaron los avales.

“La Liga no puede vivir de espaldas a los aficionados y consideramos que urge una reflexión profunda sobre la política de programación del calendario de partidos y horarios. El fútbol español necesita ser gestionado mirando al futuro de un modo inclusivo, con real participación de los clubes”, agregaba el dirigente.

Por ese entonces, en estas latitudes empezaban las primeras críticas a la Superliga. “Si esto sigue así, habrá una diferencia abismal entre Boca y River y los demás. Muchos vamos a pedir volver a la AFA”, lanzaba Nicolás Russo, mandamás de Lanús. “La Superliga tiene que socializar, empezar a negociar la estática en conjunto, la indumentaria, el merchandising, los diferentes ingresos. Y que Boca y River cobren más de lo que cobran ahora, pero que las proporciones con los otros clubes no sean abismales”.

El miedo a que el fútbol argentino fuera virando hacia un monopolio deportivo como el que mantienen en España Real Madrid y Barcelona, se proyectó ahora en Europa a una escala mayor y a nivel continental con la Superliga.

Y allí volvieron a aparecer los hinchas. Y arrancó la pelea de malos contra peores. Se mide qué empresario tiene menos escrúpulos y cuán grande es la porción de la torta económica que pretenden para su plato.

Tebas no es Discépolo.

Abramovich y Nasser Al-Khelaifi lejos están de los dirigentes de Temperley, que empujaron colectivamente el levantamiento de la quiebra del club poniendo como aval las garantías de las propiedades de muchas familias del barrio. Ni los hinchas del Chelsea, cuyo dueño es un magnate multimillonario, podrían compararse a los de Racing, por ejemplo, que espontáneamente llenaron dos canchas cuando vieron que el amor de su vida corría serios riesgos.

Historias de hinchadas rebeldes y de banderas enarboladas desde el fútbol contra los poderes económicos y políticos de turno hay muchas, desde el famoso Sankt Pauli alemán, pasando por la Democracia Corinthiana de Sócrates; el sector más nutrido de la hinchada del Rayo Vallecano, Los Bukaneros, que cantan contra el fascismo y el racismo; los Vascos de Athletic Bilbao y Real Sociedad que se unieron para afianzar la identidad y pelear contra el franquismo; la izquierda comunista que se representa en los colores del Livorno; o los Green Brigade del Celtic de Escocia que defendieron abiertamente al pueblo palestino y se ganaron por eso una sanción de la UEFA.

Es la misma UEFA la que ahora quedó en la vereda de los buenos. La que voló en pedazos y debió resetearse tras el FIFAgate.

Aquella investigación que llevó a cabo la justicia norteamericana y que terminó con decenas de dirigentes detenidos, entre ellos Joseph Blatter, mandamás de la FIFA, y Michel Platini, su par en la UEFA, se gestó gracias a los testimonios y pruebas presentadas por varios arrepentidos de los principales bancos del mundo, entre ellos el JP Morgan.

Años más tarde, JP Morgan volvió a la escena al fútbol y avisó con total tranquilidad que se haría cargo de la inversión inicial de 3.500 millones de euros (ascenderán luego a 4 mil) para solventar la creación de la Superliga Europea. 

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