Tras el escándalo de Boca-Mineiro: el VAR y las sospechas…

Desde antes que se instalara, y en Sudamérica, especialmente, desde esta columna decíamos que el VAR iba a traer más complicaciones y sospechas que beneficios para el fútbol. Porque el fenómeno social mundial que representaba esta actividad deportiva inventada por los ingleses hace más de 150 años, siempre había convivido con el eventual error de…

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Desde antes que se instalara, y en Sudamérica, especialmente, desde esta columna decíamos que el VAR iba a traer más complicaciones y sospechas que beneficios para el fútbol. Porque el fenómeno social mundial que representaba esta actividad deportiva inventada por los ingleses hace más de 150 años, siempre había convivido con el eventual error de los árbitros y sus asistentes, y justamente eso levantaba su popularidad en forma superlativa, a diferencia de los otros fenómenos deportivos.

Muchos suponían -con sus razones- que la incorporación de la tecnología traería mayor justicia en las determinaciones y evitaría errores. Se pensaba que podía ayudar en los yerros groseros. Pero como la tecnología -el juego de cámaras combinadas- y la participación de varios jueces en cabinas ajenas al propio campo de juego sumarían mayor transparencia. Las evidencias que ya se están dando, demuestran lo contrario. Porque con la voluntad de achicar sus responsabilidades los árbitros quedan sujetos, ahora a las opiniones de otros que tienen la oportunidad de ver repetidamente y desde distintos ángulos las jugadas y las supuestas infracciones reglamentarias. Entonces, la conducción de los partidos empezó a dividirse entre varias voces. Se dijo que la última y concreta opinión sería la del árbitro principal. Algo que quedó relegado en el proceso. Porque cuándo se lo llama para que compruebe en el monitor que está en la cancha ya está condicionado por la opinión de quienes lo llamaron.

Entonces, en lugar de achicar las sospechas de errores -casuales o intencionales- se duplicaron. Y la demora para tomar las determinaciones no sólo desnaturalizaron la característica del juego, sino que le quitaron al fútbol lo más sagrado que tenía: la emoción de festejar un gol. Porque no hay nada más cruel que un desahogo luego revertido. Porque si no hay queja natural del supuesto perjudicado con una acción, sigue siendo más importante esa emoción que provoca que “la justicia deportiva”, muchas veces desfigurada por los propios controladores. Porque la tecnología no actúa por sí misma. Está manejada por personas que interpretan y que hacen marcar líneas no garantizan seguridades porque se sabe que las posiciones adelantadas -por ejemplo- deben sancionarse en el instante en el que el lanzador le pega al balón y el receptor está más cerca del arco rival que por lo menos dos adversarios. Casi imposible de establecerlo en los pases largos. Ni aun con la ayuda de la televisión. Porque una décima de segundo de demora o de anticipación en el golpe a la pelota pude variar la posición del receptor en varios centímetros. Ya de por sí la regla es cada vez más ambigua en relación a la parte del ¿cuerpo? está adelantada. ¿Un pie, una mano, una rodilla? Absurdo. Tendría que ser el cuerpo entero, limpiamente. Si durante más de un Siglo sólo se cobraron las manos intencionales, el afán de ajustar llevó ahora a la confusión de no saber el espectador cuándo se cobran y cuándo no.


El diálogo entre encargados del VAR y árbitro Ostojich deteminó fuera de juego del “Pulpo” González . / Telam

Toda esta introducción tiene que ver con los dos goles lícitos que le anularon a Boca -uno por partido- contra Atlético Mineiro por la Copa Libertadores. Y por lo que, tras una derrota por penales, en el segundo, quedó una vez más afuera de la Copa Libertadores. Fue válido el tanto del Pulpo González en la Bombonera. Se sabe que el fútbol es un juego de contacto. Y la mano de Briasco apoyada en la espalda de un rival sin impedir su desplazamiento- en la acción previa, de ninguna manera se puede considerar infracción. Andrés Rojas, el juez colombiano lo había convalidado claramente mientras los jugadores del equipo brasileño no reanudaban el juego y le pedían que fuera a ver el monitor (un reclamo que está prohibido expresamente por el reglamento). Sin embargo, requerido por el VAR, fue y tras ver lo mismo que todos los que lo rodeaban, decenas de veces, cambió su decisión y lo anuló.


Ostojich anula el gol de Weigandt. (AP)

En Belo Horizonte, tras el remate de Villa y el error del arquero Everson -devolviendo la pelota hacia adelante- para que Weigandt aprovechara y lograra el remate goleador, el árbitro uruguayo Ostojich, también lo convalidó. Después de los abrazos múltiples de los jugadores de Boca, y -se supone- de la euforia de sus partidarios ausentes (Mineiro necesitaba dos goles para clasificarse) el llamado del VAR y el marcado de una línea en la televisión en la que se ve ¡la rodilla! de Diego González ligeramente adelantada cuando estaba paralelo a un adversario, determinó la nueva anulación. Sin garantías -claro- que esa raya marcara el momento exacto del remate de Villa y sin que González molestara al arquero que cometió la equivocación.

Fue demasiada la casualidad de las dos situaciones sucesivas como para no dudar de una irregularidad manipulada en los dos partidos. Boca elaboró una nota de queja pero queda a la vista que fue claramente perjudicado. Y que a ese perjuicio deportivo se le suma una pérdida muy grande de dinero que se iba a sumar con la clasificación a cuartos de final, y la eventual continuidad en la Copa. La Conmebol -ya dio muestras de poca seriedad en otras oportunidades- no tomó ninguna decisión respecto de este escandaloso despojo, sin responsables identificados. Cuando la simple lógica indicaría que se vuelva a jugar un partido en un lugar neutral, para achicar la injusticia de la definición. Luego se sucedieron lamentables incidentes en la zona de vestuarios con supuestas burlas que desencadenaron un bochorno de golpes (con Raúl Cascini a la cabeza y el presidente de Mineiro arrojando botellazos), gases de la policía y posterior detención de varios jugadores y dirigentes de Boca. Pero eso se trata en otra parte. Pobre fútbol. Su atracción incomparable parece atropellada por la búsqueda de “una justicia tecnológica” que no es más que otra arma propicia para la corrupción.

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