Humberto Pinheiro, el adiós a un imprescindible del tango

La historia del contrabajista Humberto Pinheiro atraviesa cerca de siete décadas de tango. Ubicuo en el ambiente, aunque rara vez en primer plano, fue un verdadero pilar de la escena del género.Formidable músico intuitivo, emprendedor infatigable y asador legendario, Humberto Pinheiro fue amigo de todos: era capaz de elegirle pianista al director Armando Pontier; de…

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La historia del contrabajista Humberto Pinheiro atraviesa cerca de siete décadas de tango. Ubicuo en el ambiente, aunque rara vez en primer plano, fue un verdadero pilar de la escena del género.

Formidable músico intuitivo, emprendedor infatigable y asador legendario, Humberto Pinheiro fue amigo de todos: era capaz de elegirle pianista al director Armando Pontier; de sustituir a Kicho Díaz en la orquesta de Troilo; de silbarle a su venerado Enrique Francini un solo que recordaba más que el propio violinista.

Con los años, su memoria atesoró un repertorio inagotable, amasado en infinitas noches acompañando a cantores y cancionistas con su Tango Trío. Cuando cumplió setenta y cinco, decidió cambiar el contrabajo por el bandoneón, y a los ochenta y cinco seguía compartiendo estudio de radio con Oscar del Priore, en el doble rol de protagonista y comentarista de las grabaciones que ponían al aire.

El último domingo de noviembre, la Academia Nacional del Tango dio la noticia de su muerte, a los 87 años.


Académico autodidacta. Humberto Pinheiro fue un grande del tango. Foto Fernando de la Orden

Cómo tocar con todas las orquestas

Humberto Pinheiro había nacido en Paysandú, Uruguay, en 1934. A los cuatro años llegó con sus padres y sus hermanos a Buenos Aires, donde se radicó la familia. Su padre era músico, tocaba el violín y el contrabajo.

A los quince, Humberto se lanzó a improvisar con uno de los instrumentos que había en la casa. “Tenía uno de los primeros (tocadiscos) Winco y así toqué con todas las orquestas –le contó a Gabriel Soria–. Ponía los discos, los 78, y tocaba encima. Y a mi papá le llamaba la atención que yo entrara en la tonalidad al instante”.

Enseguida hubo una tentativa de estudio sistemático con Fernando Cabarcos –el gran contrabajista que entonces integraba la orquesta de Francini-Pontier–. Pero Humberto se resistió a la enseñanza metódica; en cambio inició un aprendizaje sui generis facilitado por su extraordinario oído y basado en la observación de su maestro, al que seguía a todas partes.


Humberto Pinheiro se resistía a estudiar música formalmente: su oído era su sostén. Foto Fernando de la Orden.

En el hogar de los Cabarcos, pronto Humberto se convirtió en uno más de la familia. Horacio Cabarcos –el hijo de Fernando, que al crecer se convertiría en contrabajista de Leopoldo Federico y en un notable solista–, entonces era un niño. Hoy recuerda la presencia entrañable de Humberto en la casa familiar de Gerli, inicio de la amistad entre ellos, que se mantuvo inalterable hasta el final.

“Mi papá le quería enseñar, pero era imposible: él se ponía a charlar con mis abuelos, con mis tíos, o me llevaba a mí, que era chiquito, a remontar barriletes a las vías… Aprendió porque tenía un oído increíble. Sin leer una nota de música, llegó a tocar a la par de cualquiera”.

“Era un fanático terrible de la orquesta de Francini-Pontier, donde tocaba mi papá. Humberto era un pibe y le decía: ¿Puedo ir con usted a la radio? Y mi viejo: Vení, pero mirá que después me tenés que esperar para volver. Se iban juntos a radio El Mundo. Cuando papá terminaba la actuación, Humberto no aparecía. ¿Dónde se había metido? Estaba tomando un café con Troilo… ¡Ya era amigo de Pichuco…!”.

Amistades para toda la vida

Pinheiro tejió una relación fraternal con el contrabajista de Troilo, Kicho Díaz: ocasionalmente, con el consentimiento del director, durante la última vuelta de la orquesta en el palco del cabaret Marabú, Kicho lo dejaba a cargo de su parte (que Humberto conocía de memoria).

También fue inseparable con Julio Sosa. En el monumental Libro del Tango, de Horacio Ferrer, su nombre figura acompañado del apodo “Peta”, porque Astor Piazzolla (que no tenía precisamente un temperamento sosegado) lo había bautizado “El Petardo”.

Oscar del Priore, que como presentador en El Viejo Almacén compartió con él innumerables funciones, lo evoca despreocupado, extravertido, “atorrante en el mejor sentido del término”.

El Tango Trío​

A mediados de los años sesenta fundó el Tango Trío, que en su formación original completaban el bandoneonista Walter Ríos y Rubén Castro en guitarra. Aunque llegaron a grabar un longplay con versiones instrumentales de clásicos, su rol central fue el acompañamiento de cantantes, tarea en la que el Tango Trío se volvió imprescindible en el circuito.

“Era un musicazo. Conocía todos los tangos y los estilos, y era uno de los tipos con más oficio para acompañar cantores, tarea bastante difícil: los atajaba en el aire. Por eso los cantantes lo buscaban”, cuenta Del Priore.

Sin ser exhaustiva, una lista de intérpretes a los que acompañó debe incluir a Hugo Del Carril, Edmundo Rivero, Rubén Juárez, María Graña, Raúl Lavié, Roberto Goyeneche, Ruth Durante, Néstor Fabián, Alberto Podestá, Nelly Vázquez…


Humberto Pinheiro y el diploma que lo designaba Académico del Tango. Foto Fernando de la Orden

De Egipto a Colombia, de Caño 14 al Carnegie Hall de Nueva York. De la pantalla de Carne con Isabel Sarli –donde acompañó a Alba Solís–, a los estudios de Televisa en México, donde vivió varios años y, con sus míticos asados, se convirtió en anfitrión de los argentinos que pasaban por allí.

El Tango Trío tuvo distintos bandoneonistas, entre ellos Dino Saluzzi, Néstor Marconi, Julio Esbrez y Julio Pane. Humberto también integró un dúo de piano y contrabajo con el exquisito Lucio Demare.

Cuando creyó llegada la hora de jubilar su último instrumento, un baby bass, redescubrió una antigua afición: el bandoneón, y se puso a practicar.

“Siempre me atrajo –le contó a César Pradines en una entrevista de 2015–. Recuerdo que cuando andábamos con las orquestas y había un entreacto entre un pase y otro, yo agarraba el bandoneón y Troilo, cuando andaba por ahí, decía: Este al final va a salir bandoneonista”.


Humberto Pinheiro, en la celebración de sus 80 años. Foto Rolando Andrade Stracuzzi

En reconocimiento a su trayectoria, la Academia Nacional del Tango lo designó Académico de Honor. Él seguía activo y entusiasta. Hasta poco antes de la pandemia, cuando Del Priore lo pasaba a buscar por su casa del barrio de Balvanera, camino a la radio le aseguraba: “Vas a ver que en cualquier momento te doy la sorpresa y me aparezco con el fuelle”.

Sobrellevó durante largos años una enfermedad que, cuentan sus amigos, sólo en el final doblegó su ánimo. A Horacio Cabarcos le envió no hace mucho un último mensaje de audio por Whatsapp: “Un día de estos te hago un barrilete y lo vamos a remontar a las vías…”

WD

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