Boca la pasó mal ante un gran Racing pero recurrió a su mística en los penales y se metió en la final de la Copa de la Liga

Son cuestiones del escudo, del peso de la camiseta, de la mística. Es creer o reventar: otra vez Boca y los penales. En esta ocasión, con más condimentos porque Racing jugó mucho mejor y mereció largamente imponerse en los 90 minutos. Pero falló en las definiciones y lo pagó caro: se despidió de la Copa…

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Son cuestiones del escudo, del peso de la camiseta, de la mística. Es creer o reventar: otra vez Boca y los penales. En esta ocasión, con más condimentos porque Racing jugó mucho mejor y mereció largamente imponerse en los 90 minutos. Pero falló en las definiciones y lo pagó caro: se despidió de la Copa de la Liga invicto en 16 encuentros. Y Boca, sin patear al arco en la semi, jugará la final contra Argentinos o Tigre.

Así, al duelo decisivo arribó un equipo que jugó bien en los cuartos de final contra Defensa y Justicia y no mucho más. En el camino, por el contrario, se quedó el que más alto nivel evidenció a lo largo del semestre y el que nunca perdió en la competición doméstica.

Racing y Boca, sus jugadores, Fernando Gago y Sebastián Battaglia, regalaron para la eternidad esta semifinal de Copa de la Liga. Todos los entrenadores del mundo, tanto de clubes como de seleccionados, tendrán al alcance un material indispensable. Cuando se quiera explicar cómo se juega una final, alcanzará con mostrar lo realizado por Racing. En caso contrario, cuando se quiera dimensionar cómo no se juega un duelo clave, se analizará a Boca. Fue una aplanadora la Academia, que se llevó puesto al rival y lo redujo a la mínima expresión. Pero no fue efectivo y no capitalizó ninguna de las ocho situaciones claras que creó. Por eso se fue al entretiempo en cero. Igual que el pobre Boca.

En dos minutos, Matías Rojas, ese paraguayo fino al que los hinchas de Racing le piden más actitud, había recuperado dos pelotas por presionar alto a Frank Fabra. Fue la carta de presentación de un Racing que no bajó ni un instante a lo largo de 45 minutos. Fue voraz para recuperar y paciente para manejar la pelota; fue astuto para presionar e inteligente para moverse y hallar los espacios. No es una exageración: hizo todo bien la Academia en la etapa inicial. Salvo el gol, un detalle para nada menor.

Las ocho situaciones claras se provocaron por juego asociado, por pelota parada o por recuperaciones. Mostró todo el repertorio el equipo de Gago. Las más claras fueron un cabezazo de Sigali que se fue al lado del palo izquierdo de Rossi (9 minutos), un tiro libre que se chocó con el poste de Chancalay (20 minutos), un mano a mano que desperdició el propio extremo (28) y un cabezazo de Javier Correa al arco solitario por mala salida de Rossi que se fue por encima del travesaño (40).

Para entender cómo jugó Racing es conveniente poner la lupa en Enzo Copetti. Las falencias que tiene en la técnica las suple con el alma. El delantero de Racing debe ser el futbolista con el corazón más grande del fútbol argentino. Además, es guapo y pillo. En un puñado de minutos ya había hecho amonestar a Marcos Rojo y a Carlos Zambrano.


Enzo Copetti, de lo mejor en Racing. El equipo bajó cuando el 9 cambió de posición, sobre el final del primer tiempo.

Si se quisiera ser piadoso, convendría pasar por alto el primer tiempo de Boca. Era entendible que Sebastián Villa jugase con la cabeza en otro lado. Pero sucedió que todo el equipo estuvo en otra sintonía. No solo no pateó al arco, sino que perdió en cada una de las divididas. Se dejó torear por el rival.

La etapa inicial culminó con la sensación de que Racing perdonó a Boca.

Era previsible el cansancio que evidenció la Academia en el complemento porque jugó a un nivel altísimo en el primero. Es cierto también que perdió presión ya con Javier Correa de delantero centro (entró por el lesionado Matías Rojas) y Copetti de extremo. Tal vez debió refrescar el equipo Gago porque los mediocampistas lucieron agotados. Solo metió a Cardona sobre el final, para que pateara un penal.

Manejó la pelota el conjunto de Avellaneda, pero le costó encontrar el pase filtrado en los metros finales. Tuvo situaciones, aunque ninguna clara. Apenas inquietó con un cabezazo desviado de Alcaraz y con una mediavuelta de Correa.

Boca se plantó un poquito mejor con los ingresos de Carlos Izquierdoz y Cristian Medina. Un dato pinta a la perfección el partido de los comandados por Battaglia: Frank Fabra llegó hasta el fondo por primera y única vez a los 37 minutos. Sí, Boca pasó otro partido sin patear al arco. Y llegó a los penales, acaso la única buena noticia que tuvo en la tarde de Lanús.

En las definiciones Boca se agranda. La historia reciente lo pone en el lugar del ganador, del invencible. Agustín Rossi le atajó uno a Copetti e Insúa desvió otro; por Boca soló erró Salvio.

Todo hasta que se paró Alan Varela frente a la pelota, tal vez el único destacado en el juego. Y la colocó suave al palo izquierdo de Gómez, que se arrojó al otro. Y salió a festejar con fuerza Boca, siempre Boca, ese equipo al que le sale más fácil ganar que jugar bien.


Agustín Rossi, otra vez protagonista en los penales y festejando con Boca. Foto: Marcelo Carroll.

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