“¡Rezá, Malena!”: la verdadera historia y el video inédito del viral que sigue siendo furor

“Malena, se me está quedando el auto. Dale, por Dios. Te pido Dios que nos ayudes. Dios, nos ayudes. Dios, te pido por favor llegar a casa. ¡Te pido por favor! ¡Dios, te pido! ¡Rezá, Malena!”.Cuando el embriague y el freno perdieron el protagonismo, Daniela Mandil (57) no imaginaba que todos hablarían de ese momento. No…

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“Malena, se me está quedando el auto. Dale, por Dios. Te pido Dios que nos ayudes. Dios, nos ayudes. Dios, te pido por favor llegar a casa. ¡Te pido por favor! ¡Dios, te pido! ¡Rezá, Malena!”.

Cuando el embriague y el freno perdieron el protagonismo, Daniela Mandil (57) no imaginaba que todos hablarían de ese momento. No pensaba siquiera en un mañana. Creyó que ese instante de febrero de 2017 iba a ser el último que recordara. “Se te pasan mil cosas por la cabeza”, resume. El resto es historia. Y todavía hoy su voz desesperada vuelve en videos y memes, por ejemplo hace tres semanas, con el temporal que causó complicaciones en buena parte del país.

La mujer había asistido horas antes a una reunión de trabajo, donde la lluvia ya le había jugado una mala pasada: su vestido terminó empapado una vez que bajó del auto. No sabía que le esperaba algo todavía peor. Porque, en el momento en el volvió a sentarse frente al volante para conducir hasta la casa de sus papás y buscar a su hija, todo se complicó.

“Había llovido -reconstruye- bastante y, cuando pasé por lo de mi mamá y mi papá, ya había cruzado como 30 arroyos, iba detrás de un colectivo que levantaba toda el agua de la calle… Venía muy cargada: lo único que quería era llegar a casa. Estaba cansada, estresada… Necesitaba llegar. Y, en el medio, pasó esto. Parecía el diluvio universal“.

El agua, que en cuestión de minutos desdibujó el camino, las obligó a seguir su intuición. Hacía poco tiempo que ambas se habían mudado a ese barrio y no sabían que, los días de tormenta, nadie toma esa ruta. “20 metros a la izquierda y 50 a la derecha era todo agua. No se veía ni la vereda, ni el arroyo… Nada. Avanzábamos y el agua crecía. Hasta hacía olas arriba del capot”, le cuenta hoy a Clarín.

Malena Castelli Mandil (21), su hija, apenas pasaba los 15 años. Al principio, el dramatismo para ella no era opción: entendía que se trataba de un episodio cómico. Su mamá no lo veía así. “Filmá para ver hasta dónde llega el agua”, le sugirió Daniela. La adolescente había interpretado otra cosa: “Pensé que nos íbamos a morir y que esa iba a ser la única prueba que iba a quedar guardada”.

-¿Cuál fue la primera reacción?

-Estaba aterrorizada, porque el agua estaba cada vez más arriba. Estábamos en un punto de no retorno, como si fuera un barco en la mitad del lago. Me agarró mucho miedo de que el auto empiece a flotar y nos cayéramos al arroyo. Entonces, empecé a pensar variantes: si soltarla a Malena, si abrir la puerta… Yo tenía mucho miedo. Y Malena se reía.

-Le pediste que filme, pero también que rece…

-(Risas) No sé de dónde saqué eso porque no somos religiosas, pero era tanta la desesperación que decía: “El único que nos puede ayudar a llegar es Dios”. Lo único que quería era llegar a la entrada del barrio, que estaba a unas 10 cuadras. Cuando llegamos ahí, no había una sola gota de agua. Los guardias no entendían cómo habíamos llegado.

-¿Qué les dijeron?

Que era imposible que hubiésemos llegado. Acto seguido, uno me dice: “Señora, cuando llueve así no se puede entrar acá”. Entonces yo le digo: “Me acabo de dar cuenta. ¡Ábrame que me tiemblan las piernas!”. No podía más del pánico.


“No sé de dónde saqué eso porque no somos religiosas”, dice Daniela. Foto: Fernando de la Orden.

El día después

Al mediodía siguiente, cuando la desesperación se convirtió en anécdota, Daniela y su hija compartieron un almuerzo con el resto de su familia. “Le mostré el video a mi tío y empezó a llorar de la risa. Se le caían las lágrimas”, cuenta Malena. Su reacción inmediata fue publicar esa secuencia en sus redes sociales: “Tenía el celular escondido abajo de la mesa y lo subí sin preguntar“.

La campana de las notificaciones no paraba de tintinear: había interacciones de todo tipo que nadie esperaba. “Pensé que iba a tener, como mucho, cinco ‘Me gusta‘. Y cuando me empezaron a bombardear así… No me imaginaba tanta repercusión“, reconoce la chica. Su mamá, en cambio, ni siquiera sabía que el video existía.

-¿Cómo te enteraste?

-Al día siguiente, Malu fue a rendir una materia que se había llevado. Yo estaba en casa y me llamó su profesora particular. Cuando atendí, no entendía lo que decía porque estaba llorando, pero de la risa. En un momento me dice: “Poné tal canal de la TV”. Ahí vi el video y no entendía nada. Me llegaron mensajes hasta de mis compañeros del secundario.

En medio del desconcierto, tomó el teléfono y marcó el número de su hija. “¿Qué pasó?”, le preguntó. Malena justificó su decisión con un atenuante: cortó de la grabación original un fragmento en el que enfocó a su mamá y ella le respondió que no era gracioso lo que estaba haciendo. Hoy, cinco años después, el video inédito sale por primera vez a la luz a través de Clarín.

-¿Les molestó que se convirtiera en un meme?

Malena: No, para nada. Para mí ya es parte de la cultura argentina de los memes y los virales. Me gusta. Me sorprende a veces cuando me frenan en la calle, muy de vez en cuando, y me preguntan: “¿Vos sos la de ‘Rezá Malena’? Dejame sacarme una foto con vos”. Jamás me iba a imaginar pasar por esa situación. Y eso que en el video ni mostré mi cara…

-¿Te preocupó la exposición?

Malena: No, lo único que sentí al principio cuando me empezaron a bombardear con interacciones fue un poco de euforia. Pasé de ser irreconocible a tener un montón de “Me gusta“, “Retweets“, comentarios de famosos, famosos recreando el video… Me pareció rarísimo, pero me encantó.

Daniela: A mí me pareció muy divertido, porque la verdad, sacando la parte de mi voz en la que quedo como una loca mística, me gustó que todo el mundo se riera. Al principio me daba vergüenza, eso sí.

-¿Cuánto les costó volver a subirse a un auto después de eso?

Daniela: Pasado eso no tuve miedo, porque en realidad no tengo miedo manejando. Al día siguiente mi único temor era que el auto arrancara, y prendió perfecto: no entró una gota de agua, me fui a trabajar normalmente… Eso sí: no me volvería a meter en algo así. Aprendí que cuando hay un poco de agua, paro, ja.

Malena: Igual, cada vez que hay tormenta hablamos del video, ja. Para mí, quedó guardado en la línea de tiempo del humor argentino. Quedé marcada de por vida después de esto.


Daniela y Malena, en el jardín de su casa. Foto: Fernando de la Orden.

“No sé rezar”

La primera reacción de Malena ante el desesperado pedido de su madre pareció propia de los nervios del momento, pero no fue así. “Me decía que rece y la verdad es que yo no sé rezar, porque fui a un colegio laico. Sólo sé el Padre Nuestro, pero en inglés“, afirma.

-¿Cómo?

-El director del colegio era británico y, de vez en cuando, rezaba el Padre Nuestro en inglés. Es lo único que me quedó marcado. En medio de la desesperación, lo último que iba a hacer era rezar en inglés…

Tras volverse viral, Malena recibió cientos de preguntas sobre la situación. “Todas eran: si se me quedó el auto, si llegamos bien, si no nos quedamos ahí en el medio de la nada… También me preguntaban por qué lo filmé, porque eso hacía pensar a la gente que estaba actuado… Entonces decidí hacer un hilo en Twitter contestando todo”, dice.


Malena ahora también maneja: sacó su registro hace un mes. Foto: Fernando de la Orden.

Cinco años, una vida

Muchas cosas cambiaron desde aquel episodio que recorrió las pantallas. Malena, por ejemplo, mudó sus sueños a San Luis en diciembre de 2019 para vivir con su novio, a quien conoció a través de las redes. Hoy, instalada en aquella provincia, estudia Producción Musical y rara vez regresa a Buenos Aires.

“Es su proyecto y la apoyo”, dice Daniela, quien se dedica al rubro del medioambiente hace mucho tiempo a pesar de ser abogada. Ahora trabaja para una empresa que hace combustible alternativo a partir de aceite mineral usado y se encarga de la gestión de residuos peligrosos de industrias, laboratorios, y demás.

Ambas saben que no hay vuelta atrás: todos las conocen como las protagonistas de “Rezá, Malena”. De hecho, hace poco más de un mes, la joven de 21 años sacó el registro de conducir. “Ni loca manejaría con lluvia”, advierte. Y su mamá bromea: “Ahora tenés que decir ‘Rezá, Daniela’, porque la que reza soy yo del pánico con el que voy en el auto”.

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