Pablo Javkin: “No puede ser que la Argentina no tenga una sola prisión de máxima seguridad”

-El año pasado dijo que Rosario le daba demasiado a la provincia y al país y que era hora de que los encargados de la seguridad le devuelvan a los vecinos el derecho a estar en la calle sin temor a que los roben o los maten. ¿Lo escucharon? Porque la situación pareció agravarse.-Mi rol…

-El año pasado dijo que Rosario le daba demasiado a la provincia y al país y que era hora de que los encargados de la seguridad le devuelvan a los vecinos el derecho a estar en la calle sin temor a que los roben o los maten. ¿Lo escucharon? Porque la situación pareció agravarse.

-Mi rol es el de conseguir cosas para cuidar a nuestra gente. Y lo que está muy claro es que los recursos que necesitamos para que la Argentina entienda la profundidad del problema de Rosario son insuficientes. Y eso implica a varios niveles. El nivel de inteligencia criminal para investigar un delito complejo; la capacidad que le damos a nuestras agencias, como la Procelac, Procunar, UIF, Procuraduría, Poder Judicial Federal; implica obviamente los sistemas carcelarios, que se han convertido en una suerte de coworking del delito. Implica más presencia policial a nivel de lo que la provincia tiene que dar. Implica fuerzas federales en los lugares estratégicos. Rosario, sin dudas, es uno. Necesitamos más. Y necesitamos más porque somos un polo logístico de la Argentina y, como tal, lo somos para lo bueno y claramente también lo somos para lo malo. Esta es una cuestión de método. De todos los días hacer lo mismo en función de la prevención. No ser esporádicos. No aparecer con un desembarco de fuerzas federales y que al otro día se diluya.

-¿Por qué Rosario llegó a este extremo de inseguridad que vive hoy?

-Rosario está en el polo logístico más importante de la Argentina. Es el segundo complejo agroexportador del mundo. Eso es para lo bueno y lo malo. Pero Rosario no fabrica las armas ni fabrica las drogas. Llegan acá. Y de acá salen y se distribuyen. Y lo que le pasa es que a veces hay una disputa violenta por el territorio. Y nuestro planteo es: las debilidades que hoy vemos acá, son las debilidades que tiene la Argentina. En el control de lavado de dinero, en el control de la logística de exportación de cuestiones ilegales, en el ingreso de armas y de drogas en la fronteras de la Argentina, en la situación de la debilidad en la inteligencia criminal de nuestros sistemas carcelarios. En la estructura de nuestra Justicia Federal, que tiene en Rosario la misma estructura que hace cincuenta años, como si todo esto no pasara. Necesitamos lugares de detención para el cumplimiento de condenas que implicaron recorrer toda una cadena de nuestro sistema procesal. Con fiscales, jueces y testigos que se la jugaron para que alguien sea condenado y después vemos que la persona condenada puede continuar con su actividad criminal como si nada. Necesitamos lugares donde esa condena pueda ser efectiva para que la cárcel no domine la calle. Y todo eso que sucede acá, ojo que también sucede en muchos otros lugares de la Argentina.

-Pero no con los niveles de violencia que se registran aquí.

-Sí, pero no es porque en el resto de la Argentina no hay narcotráfico ni hay consumo o no tenés una situación parecida. Lo que no tenés es violencia porque hay otras agencias que regulan la violencia. Pero la debilidad que muestra nuestro Estado, nuestras capacidades estatales a la hora de resolver lo que pasa en Rosario, son debilidades que las tenemos en toda la Argentina. Y es lo que tenemos que trabajar. Lo planteamos al Presidente, al presidente de la Corte, a los miembros de la Corte y a los jueces Federales que vinieron a Rosario. A la Procelac, a la Procunar, a la UIF. Y ahí no puede haber ni grieta ni nada. Todos los poderes y todos los niveles del Estado tienen que estar enfocados en esto. Porque son peleas que, ojo, anticipan situaciones que la Argentina está viviendo en otros lugares, más focalizados, si querés más estructurados dentro de territorios más cerrados, pero que están. Y cuando se manifiesten en términos violentos lamentablemente van a vivir lo mismo que estamos viviendo en Rosario ahora.

-¿Cuánto colaboró la política para llegar a esto?

-El gran fracaso es la falta de capacidades estatales para combatir delitos complejos que tienen una gran capacidad de mutar y una infinita capacidad de mover recursos. No hay que joder con esto porque después es tarde. Y hay que trabajar en conjunto. El que crea que va a ganar un voto con esto, está loco. Porque va a ganar un voto y después no va a poder gobernar. Yo aspiro a resolver el problema.

-¿El Gobierno entiende la profundidad del drama que vive Rosario?

-Muchas veces hay dificultad para comprender. A veces queda fácil pensar que Rosario es un enclave ajeno a la Argentina. Y no lo digo coyunturalmente. Esto sucede desde hace mucho tiempo. Las cosas duras cuesta asumirlas. A veces queda cómodo decir ‘es Rosario’. Y Rosario es una sociedad maravillosa, que viene de generar el evento popular más grande que tuvo y va a tener la Argentina en muchísimo tiempo (Ndr: los Juegos Suramericanos de la Juventud, que convocaron a un millón de personas). Su gente mayoritariamente es gente de laburo, de paz, de trabajo, que necesita acompañamiento fuerte a la hora de enfrentar algo que la Argentina toda tiene que estar preparada para enfrentar. Y también, muchas veces, está la intención de estos grupos de hacer casi terrorismo con la ciudad. Nosotros estamos frente a detenciones de personas que balearon escuelas, estaciones de servicio o amenazaron a comercios gastronómicos.

-¿Qué buscan?, ¿alterar la paz social?

-Eso no está buscando un rédito económico. Está buscando causar un efecto. Por supuesto que necesitamos que todo esto se sepa. No voy a ser un intendente que intente tapar lo que pasa en Rosario. Pero lo que no se puede, frente a eso, es no reaccionar. Solamente leer las crónicas como si fuera la desgracia de una ciudad. No. Esto es algo que sucede en Argentina, en su enclave logístico más importante. Como sucede en general en los enclaves logísticos más fuertes del mundo donde las mafias operan. Eso es lo que está pasando y es lo que necesitamos que nos ayuden a resolver. A mí no me da ningún pudor pedir que nos cuiden. Y no hago en esto ninguna calificación política ni me interesa ningún rédito político. Lo que hago es pedir, reclamar y en algunos casos exigir que todos los recursos que la Argentina tiene, más los que tiene que construir, se pongan en el lugar donde hoy este fenómeno se está manifestando antes de que se empiece a manifestar en otros lados.

-Le consultaba antes si Nación colabora como usted pretende.

-Está claro que hay cosas que hay que hay que apurar. Tenemos que dejar de ser el lugar sólo de las crónicas policiales para pasar a ser el lugar donde el foco institucional de la Argentina se ponga para combatir la economía criminal, el lavado de activos, la lógica de amenaza en relación a la vida cotidiana de la población. Nosotros no podemos aceptar el hecho de que se mate un bebé. Independientemente de que su familia esté implicada en un negocio criminal. Aceptar eso es renunciar a todo nuestro deber como funcionarios públicos. Yo tengo claro cuál es mi rol: no tengo a cargo policías, no tengo fiscales ni jueces, pero voy a liderar la pelea para que toda la institucionalidad argentina, a todos los niveles, nacional, provincial, también local, entienda cuál es el desafío que tenemos y entienda que esto que sucede en Rosario es de algún modo un experimento, si querés, del núcleo de la economía criminal que va a trasladarse a otras partes.

-¿Cuál es su mirada sobre el accionar de la Justicia Federal?

-Insuficiente. Lo están planteando los propios jueces. No tienen estructura. No tenemos proceso acusatorio en el orden Federal. ¿En qué lugar de la Argentina hoy es más importante implementar el Código Procesal Penal Federal si no es en Santa Fe? Esto depende hoy de una comisión bicameral que no se constituyó. Bueno, constituyamos la comisión bicameral. O resolvamos por la ley la implementación del sistema acusatorio. Cuando discutimos el porqué de la no grieta es por esto: porque la grieta no va a arreglar esto. Y ojo que lo que hoy le estalla a uno y puede generar beneficio político al otro, al otro día va a ser al revés. Y mientras tanto la gente va a estar cada vez peor. Entonces yo en eso apuesto a todos los niveles trabajando juntos, todos los poderes trabajando juntos. No porque uno sea débil o dialoguista. Porque no hay otra manera.

-Usted hablaba de la cárcel como un coworking del delito. ¿Qué propone para solucionar esta problemática? Porque los detenidos tienen derechos y cortar la comunicación con el exterior no es posible.

-No puede ser que la Argentina no tenga una prisión de máxima seguridad. Lo hablamos con el Presidente, el ministro de Seguridad y el Gobernador, una prisión de máxima seguridad para líderes de bandas de delitos complejos que, ojo, no son de Rosario solamente. Es una cosa que hay que discutir. Y hay que resolverlo rápido. No puede ser que un fiscal tenga que exponer en una audiencia la grabación de cómo se ordenan todos los delitos desde la cárcel. Nuestros fiscales plantean que el 90% de los hechos que tienen que ver con balaceras, crímenes o extorsiones en la ciudad, surgen de las cárceles. Entonces llegás a una situación en la que la cárcel domina la calle. No puede suceder.

-Durante la gestión de Perotti la jefatura de la policía de Rosario se cambió ocho veces. ¿Es un síntoma de fracaso de la política de seguridad?

-Bueno, sin dudas que no puede pasar. Todavía no conozco a la última jefa. No puede pasar. No puede pasar porque el aporte en términos de trabajo, de información y de conocimiento de territorio que los intendentes podemos hacer, es insustituible. A mí me asusta que no haya un marco donde se busque eso. No me quiero quedar en explicar mis potestades a los vecinos. Quiero ir por más, quiero exigir. Y nadie se tiene que ofender por eso. Yo no lo hago en contra de nadie. Hago política desde los trece años. Aprendí del más grande de todos, que fue Raúl Alfonsín. No se construye política a los gritos, no se construye política descalificando al otro. Se construye con capacidades estatales. Eso lleva tiempo. Y el tiempo te lo dan varios gobiernos, de distintos signos. Esa es la gran lección que tenemos que aprender. Para todo.

De la militancia juvenil a los desafíos mayores

Sobre una repisa, en un anexo de su despacho principal, se acumulan libros, obsequios protocolares, una figura con el rostro de Manuel Belgrano y una fotografía que tiene para él un significado especial: en la imagen se los ve juntos a Raúl Alfonsín y a Hermes Binner, dos de sus principales referentes políticos. No es casual la devoción por esos dirigentes: con pasado radical y en alianza con el socialismo, Pablo Javkin, padre de Camila y Sebastián, fanático hincha de Newell’s, cumplió en 2019, a los 48 años de edad, con una vieja aspiración: convertirse en intendente de Rosario.

Ahora, admite, tiene un nuevo sueño: ser gobernador de Santa Fe. Pero para ello propone, antes de la elección de nombres o candidaturas, la creación de una alianza provincial “bien amplia”. Expone modelos. Habla de los casos de Corrientes, Mendoza, Jujuy. Un frente que pueda gobernar el territorio propio, explica, pero que tenga proyección nacional. “Tiene que pesar en la Argentina desde una mirada federal”, se entusiasma. Se lamenta porque “gran parte” del debate que viene en la provincia sobre alianzas, programas y candidaturas “estaría resuelto” de no haber fallecido el año pasado Miguel Lifschitz, afectado por el Covid.

Mientras toma mate, habla de dirigentes con los que podría compartir espacio. No pone límites. No es hora, aún. Radical al fin, aunque se marchó del partido como quien se aleja de la casa de los padres, habla de Gerardo Morales y de Ernesto Sanz. Pero se entusiasma particularmente con la generación de dirigentes a la que pertenece: Facundo Manes, Manuel Tadeo, Maximiliano Abad, Gustavo Valdez o Maximiliano Ferraro.

“Nos tocó en los ‘90 enfrentar al menemismo y ahora nos toca, como generación, enfrentar este momento de desánimo absoluto. Ojalá estemos a la altura. Tenemos un mandato. Ya tenemos cincuenta. Es ahora”, advierte.

Cuenta que también “mira gestiones” y señala a Horacio Rodríguez Larreta, figura del PRO, y a Martín Llaryora, el dirigente peronista que gobierna la ciudad de Córdoba. El enojo de la gente y los fenómenos que crecen denostando a la política forman parte del análisis. “Sin dudas que uno está lejos de eso, pero no podemos estar lejos de lo que causa este fenómeno. De mi parte, en mi rol de intendente de una ciudad tan importante como Rosario, quiero aportar en el debate político de la Argentina para que construyamos otra cosa. No que nos enojemos con los enojados”, resume.

De todas maneras, para los desafíos futuros que pueda proponer la política, dice que hay tiempo. Primero se abocará a superar la nueva etapa en el tratamiento que afronta luego de que se le diagnosticara un tumor prostático. Sesiones de radioterapia que, aclara, no lo apartarán de su función en el municipio.“Uno de los profesionales me dijo: ‘vos tenés que hacer lo que te apasione, siempre y cuando lo que te apasione no te haga olvidar lo que tenés’. Me pareció una síntesis brillante”, celebra Javkin. El animal político que se despertó en él durante la adolescencia, parece, no está dispuesto a descansar.

Itinerario


Pablo Javkin Intendente de Rosario. Foto JJGarcia

Pablo Javkin nació en Rosario, el 19 de diciembre de 1971. Comenzó a militar en política a los trece años. Se recibió de abogado y como dirigente de la Franja Morada ocupó las presidencias de la Federación Universitaria Argentina y del Comité Nacional de la Juventud Radical. Abandonó la UCR para sumarse a la Coalición Cívica ARI, que lideró a nivel nacional y de la que terminó alejándose. Fue concejal, diputado provincial y nacional. En 2018 creó su propio espacio político, Creo, que integra el Frente Progresista santafesino. En diciembre de 2019 fue electo intendente de Rosario, interrumpiendo treinta años de gestiones socialistas.

Al toque

Un proyecto La ubicación de Rosario en la economía del conocimiento.

Un desafío La paz. Que nos cuiden mejor y que los rosarinos podamos vivir más tranquilos, más seguros.

Un prócer Belgrano, sin dudas.

Un líder Raúl Alfonsín Un sueño Un país más integrado con el interior. La Argentina de los cien Chivilcoy que propuso Sarmiento.

Una sociedad que admire La argentina. La rosarina.

Un recuerdo Mi vieja, sin dudas.

Una bebida El mate.

Una comida El asado.

Un placer Estar y compartir tiempo con mis hijos.

Un libro Me gusta mucho leer. El próximo.

Una película Cinema Paradiso Una serie “El último baile”, sobre Michael Jordan y los Chicago Bulls

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