Belén Smole, la argentina que presenta las noticias en Filadelfia: la periodista que ganó 9 Emmy

El camino de Palermo a Filadelfia, que incluyó estadías laborales en Nueva York, Denver, Houston y Albuquerque, terminó en más que una recompensa: 9 Emmy, esa estatuilla de níquel, plata y cobre, revestida en oro de 18 quilates, que representa una mujer sosteniendo un átomo.Belén Smole es la periodista argentina que levantó en nueve oportunidades la musa…

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El camino de Palermo a Filadelfia, que incluyó estadías laborales en Nueva York, Denver, Houston y Albuquerque, terminó en más que una recompensa: 9 Emmy, esa estatuilla de níquel, plata y cobre, revestida en oro de 18 quilates, que representa una mujer sosteniendo un átomo.

Belén Smole es la periodista argentina que levantó en nueve oportunidades la musa de dos kilos. A los 32 años -y con menos de una década de residencia en los Estados Unidos- es la cara de las noticias en NBC Filadelfia y dueña de un portfolio que incluye coberturas intensas, como la tormenta invernal en Texas de 2021, que dejó 246 muertos y cinco millones de personas sin energía eléctrica. 

En 2020, por ejemplo, una investigación suya bautizada “Mochilas antibalas en la espalda” logró una de esas distinciones de la National Academy of Television Arts & Sciences en la categoría “mejor informe escolar”. Junto al equipo de Univisión puso a prueba las mochilas de venta pública que detienen proyectiles en caso de un tiroteo escolar. Está acostumbrada a liderar equipos de investigación aplaudidos en el norte. Niños del silencio, su producción para Univisión, destapó abusos sexuales a niños hispanos perpetrados por sacerdotes de la Iglesia Católica de Nuevo México.


Belén con algunos de los Emmy que ganó por sus producciones de investigación y su labor periodística.

Hija de un contador y una dentista, cuenta que a los ocho años pidió como obsequio su primer grabador. Jugaba a leer en voz alta la revista Billiken, mientras lo lúdico se inclinaba cada vez más hacia la comunicación. Los primeros recuerdos vinculados a las noticias la llevan hasta la voz de Débora Pérez Volpin como música de fondo. “Me acuerdo de prepararme para ir al colegio con el noticiero Arriba argentinos y con esa manera tan dulce de ella de encarar las mañanas”.

De sangre eslovena, lee su historia como un camino inverso al de Don José Smole, el abuelo que llegó al país después de la Segunda Guerra Mundial, en un viaje concretado gracias a la ayuda del Vaticano. “Le dieron dos opciones: Canadá o Argentina. Y la leyenda dice que cuando llegó a Buenos Aires, en una fecha patria, vio una gran caceroleada en Plaza de Mayo y sintió que llegaba al paraíso. Pienso en el proceso que ambos tuvimos pasar, un ajuste, ese reinicio que hace un inmigrante hacia un nuevo sistema”.

La curiosidad por la experiencia en el extranjero la persiguió desde adolescente. A los 18 se inscribió en un programa de “Work and Travel” en los parques de Disney y a su regreso, tres meses después, ya tenía una certeza: “Necesitaba salir al mundo, explorarlo”.


A los 18 hizo su primera pasantía laboral en los Estados Unidos y a su regreso se puso un objetivo: trabajar afuera.

De vuelta en Buenos Aires, cursó Periodismo en la UCA, se convirtió docente de esta institución, y complementó su formación con clases de conducción frente a cámara junto a Sandra Borghi y Mario Massaccesi. En el aire televisivo encontró su especialidad. Llegó a conducir un noticiero digital en YouTube junto a Luis Otero y la fluidez con la que podía moverse en la presentación de noticias la impulsó a las grandes cadenas televisivas.

Recibida en 2012, antes del cambio de hemisferio, viajó a Londres a cubrir los juegos paraolímpicos y algunas de sus notas se publicaron en Clarín. En 2013 trabajó en prensa corporativa de Disney desde Olivos para gran parte de Latinoamérica y la siguiente escala laboral siguió como presentadora de videos de un minuto para agencias del exterior. Un avión a Salzburgo generó un efecto dominó de otros mil aviones. Fue en 2015 que participó de un seminario de medios con colegas hasta del Líbano y aparecieron los mentores que la empujaron a una beca internacional.

En aquella estadía en Austria en la que durmió en el palacio de Leopoldskron, donde se filmó La novicia rebelde, le sugirieron aplicar para una Maestría en la Universidad de Columbia, de Nueva York. “Quedaban dos semanas, y sin dormir, a contrarreloj, me puse a llenar solicitudes y a cumplir requisitos”, recuerda. “Necesitaba conseguir como mínimo 114 puntos sobre 120 de un examen de lengua inglesa, además de otra serie de exámenes, como actualidad mundial. Finalmente gané una beca parcial, y con ahorros y ayuda de la familia me mudé a Estados Unidos”.


La sonrisa detrás de las noticias. Belén y sus premios a cuestas.

“Me acuerdo que llegué con una valija nada más, fue borrón y cuenta nueva. Yo era la inmigrante, venía de un país que muchos ni conocían, y trataba de exponer mi punto de vista, pero sentía que no me escuchaban. Fue un doble aprendizaje, hasta que pude hacerme un lugar. Me anoté en las clases más pesadas, le saqué el jugo a todo, solo volvía al departamento a dormir”, detalla desde Pensilvania. “Con los estudiantes indios y los latinos intentábamos comer gratis en eventos universitarios, fue una etapa de mucho sacrificio”.

Diez meses de la aventura de Columbia y una especialización en el segmento audiovisual le alcanzaron para plantarse e intentar una entrevista en CNN. Tenía como garantía una sólida tesis que compró NBC News, el minidocumental de un atleta paraolímpico que había perdido una pierna combatiendo para el ejército en Afganistán.

La pasantía en CNN fue más sencilla de lo imaginado. Entró a la página de la compañía, dejó sus datos y logró un puesto en Atlanta. Aún no tenía la solidez económica para el auto propio o para un Uber cada día, por lo que pedaleaba en su bicicleta bajo el sol abrasador de Georgia rumbo a las oficinas del gigante. Descubrió que el periodismo local a lo largo y ancho de los Estados Unidos abría un campo potente. Así llegaron nuevos y aventureros puestos.


Presentando el noticiero Telemundo 62.

La primera propuesta fuera de Atlanta fue como reportera/cronista de Univisión en Albuquerque, la ciudad más grande de Nuevo México. Un mes y medio le alcanzó para que sus jefes le ofertaran un traslado a Denver. Allí  trabajó durante un año y fue el turno de una mudanza a Houston, donde permaneció otros tres años. 

Casada con un estadounidense al que conoció por Tinder, se tienta cuando reconstruye los inicios de la relación. Después del primer Match, Brandon Cowan pasó el “desafío de argentinidad” cuando expuso sus conocimientos sobre Lionel Messi. Pasaron 16 meses desde los primeros mensajes hasta que él viajó a Buenos Aires. El vínculo se afianzó con una convivencia en la Isla de Guam, y terminó con un sí en un castillo en Nashville.

Lejos del romanticismo con que se cuentan las historias de cientos que emigran, Smole desmitifica esos relatos rosa de ascenso inmediato en un país donde las puertas parecen abrirse sin costo sentimental. “Tengo mi gran vida acá, pero vuelvo a la Argentina y duele ver todo lo que me perdí: el asado del domingo con mi papá y el cafecito con mi mamá”.


“Mirá que los periodistas no tienen feriado”, le advertía su madre. A Belén no le importó el detalle.

No es fácil encontrar un hueco en esa agenda plagada de reuniones y lectura permanente. A las 9 ingresa al edificio de la NBC, sube hasta el piso 13 y a las 10 se sumerge en una reunión editorial. Al mediodía ya sonríe para el noticiero de Telemundo 62 (del mismo grupo empresario), un segmento de media hora. A las 17 se pone al hombro otro informativo, con el puertorriqueño Alberto Rullan. “Trabajo en lo que se conoce como duópolis, una misma sala de redacción para noticieros tanto en español como en inglés”.

Hace unos días, su “aguja” de la emoción se disparó al extremo. Fue elegida para conducir la ceremonia #Dishitup de Women Against Abuse, una asociación de mujeres contra el abuso. En el estadio de los Eagles de Filadelfia se encargó de presentar a los premiados por su misión contra la violencia doméstica.

Más allá del orgullo que le genera dejar su marca en la TV extranjera a fuerza de una sonrisa casi de pasta dental, Smole no abandona ese costado inquieto de los especiales audiovisuales que terminan en galardones dorados. Alguna vez cuerpeó el entrenamiento que idearon agentes de la Policía y el equipo SWAT para que los maestros armados detuvieran una eventual masacre escolar en Colorado. También desenmascaró una red de patentes ilegales de vehículos en Texas. Mantiene frescas las palabras que su madre cuando el periodismo era una utopía. “Mirá que los periodistas no tienen feriado, me advertía ella. Es así. Y no me importa”.

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