10 años sin Juan Alberto Badía: grabaciones inéditas, tesoros familiares y el homenaje de Tinelli

Hay un Badía silencioso que guarda uno de los tesoros más valiosos de Juan Alberto: el carnet de socio de River Plate. Es Carlos, dos años menor, el hermano con el que que gambeteaba en la terraza de la casa de Ramos Mejía. Dueño de las memorias menos conocidas, comparte algunas, como esa anécdota barrial cuando…

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Hay un Badía silencioso que guarda uno de los tesoros más valiosos de Juan Alberto: el carnet de socio de River Plate. Es Carlos, dos años menor, el hermano con el que que gambeteaba en la terraza de la casa de Ramos Mejía. Dueño de las memorias menos conocidas, comparte algunas, como esa anécdota barrial cuando la pelota caía en el patio lindante y la vecina rezongaba, sin devolver el objeto. Esa mujer era la madre de María Elena Walsh, Doña Lucía.

Carlos no llora ahora: sonríe. Hace 10 años un cáncer se llevó a su hermano, pero no a la huella de esa vida. Recuerda la “fractura”, el quiebre de destino, cuando trabajaba en RCA Victor como encargado de casetes y magazine y Juan Alberto le pidió que renunciara: “Vamos a fundar una empresa de televisión, Recordvisión”.

“En 1975 a Juan le faltó el movilero de Flecha Juventud, en Del Plata, y me llamó para reemplazarlo: me dio el handy, salí a recorrer los barrios, y finalmente quedé en el puesto, de 22 a 5″, rememora. “Enseguida quiso que tuviéramos nuestra empresita, vendí el coche, un Peugeot 404 y empezamos en Avenida Belgrano 3176, primer piso. Fuimos la primera empresa de proyección de TV a color de la Argentina”.

Con la PyME se lanzaron a la aventura de la Beatlemanía. Cargaban a una camionetita Peugeot T4B las gigantografías de John, Paul, George y Ringo, equipos para pasar diapositivas y rollos de 16 mm y así animaban a los fans del Conurbano. “Metían” hasta tres shows por noche. Estaban celebrando una “revolución doméstica”, la base de un legado comunicacional, la semilla de Badía y cía.


Juan Alberto Badía. Foto: argentina.gob.ar

El apellido “Badía” parece magia. Provoca dulzura, dispara anécdotas místicas, o que Marcelo Tinelli responda mensajes un domingo a las 8 AM

Tinelli recuerda la sensación y el momento exacto que lo vio por primera vez, en el viejo edificio de Radio Rivadavia, en 1981. Juan Alberto lo había mandado a llamar para que integrara Piedra libre (FM 103.1), después de que Marcelo Araujo y Fernando miembro le hablaran de ese “cachorro” de La oral deportiva

Las piernas temblorosas de Marcelo Hugo subieron por la escalera hasta el primer piso. Se dieron la mano, un parpadeo y se escabulló una vida: esa mismas manos se sostuvieron apretadísimas el último día, en el Hospital Austral, el 29 de junio de 2012.

“‘Tengo ganas de que hagas la parte deportiva’, me dijo en 1983. ‘Me da vergüenza. ¿Qué voy a hacer yo en la tele?’. Me pidió que me animara y a la primera nota la llamé ‘De arco a arco’. De un lado, Walter Gómez, el viejo jugador de River que cuidaba la playa de estacionamiento ahí. Del otro, Enzo Francescoli”, rebobina fascinado el hombre de Bolívar. “Me comí un gaste tremendo. Yo no contemplaba la imagen en ese momento, Walter medía 1,60 y Francescoli casi como, uno ochenta y pico. Con uno estaba con el micrófono arriba y con otro bajaba todo mi cuerpo. ‘¿Tenés una pesa en el bolsillo izquierdo?‘, me hacía el chiste'”. 

Badía visibilizó a Tinelli. Lo convenció para algo a lo que se negaba, enamorado de la radio y el anonimato: la televisión. “En este momento miro el pasaje Gelly de lo que era el viejo Canal 9, Badía y cía. Me acuerdo caminando con José De Zer, con Ana María Campoy. Yo no quería y ahora que paso casi todos los días para llevar a mi hijo Lolo al colegio no dejo de mirar esa cortada en la que salíamos caminando con la musiquita”.


La despedida juntos en cámara. El homenaje que le hizo Tinelli a Badía en “Sábado show”, en 2011.

Adoptado como “hijo/hermano”, al veinteañero se le abrieron enseguida las puertas de la casa de Badía en Martínez. Jugaban pool, disfrutaban la discoteca doméstica. Para 1985, Badía y su mujer Liliana ya vacacionaban junto a Marcelo y Soledad Aquino en Barra da Tijuca, Río de Janeiro.

“Él me desestructuraba. Yo venía de un periodismo tradicional, tenía esa cosa de Radio Rivadavia, de José María Muñoz. Era como un sacrilegio hablar en joda en ese momento. Él primero vio mi humor antes de que hiciera humor y vio un conductor cuando yo no quería conducir”.

La despedida antes del hospital, fue en la casa de Juan en un country de Pilar, unidos por lo mismo que los acercó: la radio. JB le mostró la emisora online que había montado en un ambiente, escucharon música y se abrazaron. Hubo también adiós en cámara, en un homenaje en El Trece. La foto resume el círculo que se cierra entre el Capitán y el Cabezón: “Todavía siento el beso en la cabeza que me dio”.

Para ese 29 de junio en que el cáncer de mediastino se había extendido, San Lorenzo definía ante Instituto si descendía. Tinelli, con el pensamiento en otra dimensión, como desconectado de lo que podía ser el futuro de su club amado, manejó en velocidad para sujetar por última vez la palma del amigo internado. No hubo deudas. “Hablo y es como que me viene el olor de Juan Alberto, el beso, el abrazo, la textura de la piel. Fue un maestro excesivamente generoso”.


Tinelli, Eliaschev, Badía y Silvia Fernandez Barrios.

La voz que reaparece en una vieja computadora

Cada mañana camino a la radio en la que trabaja como productora, Vorterix, Jazmín Badía cumple el rito de saludar al tío que sonríe desde una pintura en Avenida Córdoba y Thames. La pared del supermercado Día se transformó en un mural en el que un anónimo aprovechó las tres letras de la marca para anteponer otras tres y juguetear con el apellido.

Jazmín se considera dueña de una herencia simbólica incalculable, un CPU portátil de Juan con audios de su historia que él fue digitalizando en épocas de Radio JAB, su emisora online en Pilar. Carpetas adentro, la fortuna periodística: un arsenal de conversaciones que podrían ser parte de un museo parlante, con Jorge Luis Borges a la cabeza.

El hallazgo incluye una entrevista al escritor 39 días antes de su muerte. En la grabación crujiente y de mala calidad el conductor lo llama a Suiza, le pregunta sobre su salud, y entre ruidos de las comunicaciones internacionales propias de 1986 se escucha la dificultosa respiración del entrevistado.

Jazmín sueña con un podcast con el que poder compartir esas gemas. Hay charlas con Atahualpa Yupanqui, Fito Páez, Jorge Guinzburg, Alejandro Dolina, Horacio Fontova y más. La otra posibilidad es reflotar alguna vez la Radio JAB, que se inauguró el 25 de mayo de 2011 con pastelitos patrios y se mantuvo al aire unos años después de la muerte del locutor.

Alejada de los medios, Marisa Badía, la hermana menor, “la que rompía los metegoles” de Juan y Carlos, ex Directora de Programación y Producción de Telefe y con casi medio siglo de trabajo, ve diariamente en su repisa el Martín Fierro a la trayectoria con el que homenajearon en vida a Juan Alberto un mes antes de su muerte, en 2011. Aquel día él le pidió que ella lo acompañara al escenario y lo pellizcara si hablaba de más. Las palabras de él todavía resuenan como en una cátedra. “Este Martín Fierro me alivia, no ha competido más que conmigo mismo (…) Levanto la vista y me cuesta encontrar un enemigo. No he ido por la vida a buscarlos”.

“Lo recuerdo todos los días de mi vida, lo sigo sintiendo. No pienso en generar más homenajes, porque lo tengo en mi corazón todos los días”.


Juan Alberto Badía en Hollywood Discoteque, 1988. Foto: Archivo Clarín

Mensajes que vuelven

Cuenta Cecilia Laratro, la conductora que acompañó a Juan varias temporadas en Badía y cía, que logró el milagro tecnológico: guardar un mensaje de WhatsApp una década, al que vuelve como consuelo. No hubo migración de teléfono que lograra borrar ese “Te amo” de amigo que el locutor le escribió un mes antes de morir.

“Sos tan linda mina.​ Sos tan buena amiga. Sos tan importante en mi trayectoria”, había escrito él en la aplicación verde después de que ella lo felicitara por el Martín Fierro a la trayectoria en 2012.

El destino quiso que ella, que trabajaba en ATC y miraba el programa de Canal 13, pidiera ser parte. “Tiempos de pura ebullición artística”, en que la locutora llegó a presenciar la entrevista a Jorge Luis Borges y fue testigo de alguna explosión: en 1987, el día que tocaba Soda Stereo.

No es fábula, es historia: Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti se encapricharon con unos equipos de sonido propios ideales para estadios, pero tal vez no aptos para un estudio. Cuando enchufaron todo, saltaron los fusibles. Hubo que pilotear un corte de luz de varias horas.


Juan Alberto Badía. Foto: Archivo Clarin

La última cena juntos con Laratro fue en casa de Cecilia en 2011, para su cumpleaños. Juan estaba en tratamiento por su cáncer de mediastino y no escatimaron en abrazos Graciela Borges, Juan Miceli, Víctor Hugo Morales, David Lebón, Juan Carlos Baglietto e Hilda Lizarazu.

Belén Badía, la sobrina locutora, nunca pudo borrar a Beto de la lista de contactos del celular. También buscó hace unos días algún viejo mensaje y se topó con un mail de dos meses antes de la muerte. Ella preparaba el show de stand up (Badía se nace, al que no llegó a estrenar), y le pidió un dato de Paul McCartney al tío.

I’ II hold you for as long as you like/ I’ll hold you for the rest of my life (Te sostendré todo el tiempo que quieras / Te sostendré por el resto de mi vida), dice parte de Calico Skies, la canción de Paul en la que Belén parece encontrar a Juan y que -según explicó el tío- el ex Beatle escribió en Long Island después del funeral de su suegro y tras quedar encerrado en medio de un huracán.


Al aire en Radio JAB, en su casa, en 2011. Foto: Andres D’Elia

El hombre que jugaba con la altura

Era hijo de Juan Ramón, aquel locutor y docente del ISER, voz grave fundacional de Canal 13 y de Radio Porteña. Se agregó el apellido de su abuela materna, Badía, de origen catalán, y se recibió con matrícula 1996.

En el Club Estudiantil Porteño de Ramos todavía lo recuerdan como voluntarioso basquetbolista “a pesar de la altura” y como debutante locutor. En los sesenta, en los bailes de carnaval, hizo sus primeras armas como presentador. 

Su primer aterrizaje en el dial fue en Radio Antártida, en 1970. Aquel año Canal 9 buscaba locutores para exteriores para Sábados de la bondad. Ese representó su debut vocal en televisión, antes se había colado como tiracables en Sábados circulares, con Pipo Mancera.

Entrevista a Tita Merello

(1987)


Entrevista a Maradona

(1987)


Entrevista a Soda Stereo

(1988)


Badía sobre el proceso del cáncer

(2011)

La vuelta a la democracia lo encontró plantadísimo y lo coronó con Badía y compañía (primero en el 9, después en el 13). Para entonces las revistas lo consideraban uno de los más influyentes trabajadores de los medios con ese ciclo ómnibus que llegó a durar nueve horas, o con Imagen de radio.

Pocos saben que el debut en cine fue en 1980, en una película picante dirigida por Gerardo Sofovich, La noche viene movida, con Javier Portales, Tristán, Ethel Rojo y Susana Traverso. Nunca abandonó su “ubicación” en esa historia de portaligas, enredos y sexismo. Jugó a conducir en radio de saco blanco, a pura elegancia. También tuvo su cameo (como sí mismo) en Los simuladores cuando en el mapa de la TV lo suyo ya no era el rating.

Un día, para 2009, envió una invitación a Clarín: que un periodista viajara a cubrir su aventura por “los pueblos junto al cielo”. Con Estudio país quería documentar el ingreso de una cámara a pueblos jujeños “sin marketing”, a más de 4.000 metros de altura. Nos recibió en la Quebrada de Humahuaca, entre hojas de coca y una lección: “No apunarse, ni en Jujuy, ni en la vida”.


Badía con su estudio móvil, haciendo radio en Ushuaia.

Santa Ana, Caspalá, el Abra del Zenta, puntos en aislamiento, sin electricidad, sin médico. En esa travesía sin señales de celular y con unas pocas papas para comer, Juan nos enseñó a despojarnos del “cotillón”. Entrevistó a Gumersindo, un constructor de caminos y a Primitiva, una tejedora, y durmió con frío y dos camperas puestas, en la casa de un señor que no sabía qué era la televisión.

Le preguntamos por ese punto de rating, a veces dos que marcaba la aguja de su ciclo. “Medimos poco, sí, ni pienso en ganarle a los almuerzos de Mirtha Legrand, pero somos nobles”, decía. “Este tele le da sentido a un país, eso me emociona más que el minuto ganado y olvidado”.

Este miércoles 29, a las 22, habrá un homenaje televisivo de su último canal, la TV Pública. Con el impulso de Lito Vitale, se reunieron Juan Carlos Baglietto, León Gieco, Jairo, Marilina Ross, Sandra Mihanovich, David Lebón, Alejandro Lerner, Jorge Telerman, Fernando Bravo, Enrique Wolff, Cecilia Laratro y otros en un especial (Legado Badía).

Si alguien googlea hoy “quién fue Badía” podrá encontrar una sarta de videos, audios, fotos, que devuelven su transparencia para comunicar o su fuerte misión vinculada a la difusión de la música. Pero tal vez no alcance para explicarlo. O sea suficiente con sus palabras en el último Martín Fierro: “Quiero decir a los que comienzan esta vida de los medios: la trayectoria no es de un día a otro. Es remar muchas veces. Y aceptar el viento de cola”.

Más que conmemorar una década de su muerte, lo más preciso quizá sea pensar en otro estado, como bien él lo dijo: “Si uno no pasó al pedo por la vida, si uno no vivió solo para el ombligo de uno o para satisfacer el ego, yo voy a vivir. Y van a pasar los años y la gente va a decir: ¡Yo conocí a Juan! Esa vibración me mantiene vivo. Trascender es seguir viviendo”.

WD​

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