Cómo se preparó física y mentalmente Luciani para acusar a Cristina

A dos meses de cumplir los 50 años, Diego Luciani se transformó en una figura pública casi de la noche a la mañana, y muy a su pesar. En su vehemente alegato indicó: “Néstor Kirchner y luego su esposa, Cristina Fernández, instalaron y mantuvieron en el seno de la administración nacional una de las matrices…

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A dos meses de cumplir los 50 años, Diego Luciani se transformó en una figura pública casi de la noche a la mañana, y muy a su pesar. En su vehemente alegato indicó: “Néstor Kirchner y luego su esposa, Cristina Fernández, instalaron y mantuvieron en el seno de la administración nacional una de las matrices de corrupción más extraordinarias que se hayan desarrollado en el país”. Bomba.

En la pantalla del Zoom, la plataforma virtual por la que se realizan las audiencias, se veían, además de la vice, a Lázaro Báez, Julio de Vido, José López, el primo Carlos Kirchner y Abel Fatala, entre otros acusados de formar parte de la asociación ilícita: “Un sistema de corrupción institucional con la obra pública en la provincia de Santa Cruz”, según lo definió Luciani.

Ese carácter vehemente, que sorprendió a quienes siguieron las primeras audiencias del alegato del fiscal, ya se había dejado ver en anteriores oportunidades. De hecho, en febrero se había cruzado con el Presidente, que declaró como testigo.

Alberto Fernández, quien al momento de los hechos que se investigan era jefe de Gabinete, explicaba el accionar del Ejecutivo, pero sus argumentos no dejaban satisfechos a Luciani, quien le repreguntó en varias oportunidades. “Me parece que usted no me escuchó bien”, le dijo ofuscado el Presidente y Luciani no se quedó atrás: “Lo escuché perfectamente”. Alberto Fernández siguió: “Entonces tiene un problema de comprensión”. “No me falte el respeto, doctor”, lo frenó el fiscal.

El expediente fue consumiendo el día a día del despacho de Luciani. De los trece miembros que trabajan en su fiscalía, seis se dedicaron en forma exclusiva a esta megacausa. “Los vikingos”, llama el fiscal a ese grupo de jóvenes que trabajan desde hace meses sin horarios. Además, en el último tramo recibió la colaboración del fiscal Sergio Mola, quien ahora expone junto a él los alegatos. Su equipo es, en muchas ocasiones, el último en retirarse de Comodoro Py.

El final de este caso podría tener una secuela. Se transformaría en el delito precedente de otra causa que preocupaba a Cristina y complicaba a sus hijos: Hotesur/ Los Sauces. Los Kirchner habían sido sobreseídos de manera anticipada, pero con una posible condena Casación podría revisar el fallo. Sería otra mala noticia.

Si los jueces valoran de forma positiva las evidencias que muestra Luciani, se cerraría un círculo de investigaciones periodísticas y judiciales que lleva más de 15 años. Ya en febrero del 2007, por ejemplo, esta revista publicaba en tapa una foto de Lázaro Báez junto a Néstor Kirchner y señalaba a aquel próspero empresario del Sur como el supuesto testaferro del entonces Presidente.

Pasiones. A sabiendas de que lo que venía iba a hacerle tambalear su día a día, el fiscal empezó a prepararse física y psicológicamente. Entendió que necesitaba otras herramientas para sortear con éxito el nivel de exposición y de ataques que iba a recibir una vez que acusara a la vicepresidenta. Por eso tiene un plan riguroso de ejercicios en el gimnasio y sale a correr con asiduidad para despejarse, además de sus clases de yoga. Pero el trabajo más minucioso está en su cabeza: comenzó a practicar mindfulness, una disciplina de meditación que realiza a diario y lo mantiene en eje.

Obsesivo del estudio, con la llegada del expediente de la obra pública buscó especializarse en la materia. Entre las opciones que barajó se decidió por un doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Tres años después, en noviembre del 2021, presentó su tesis “La corrupción en la contratación pública”, que fue valorada por un jurado con el mayor de los honores: “sobresaliente cum lade”, según figura en su currículum vitae. El trabajo final, de unas 600 páginas, todavía no se publicó: Luciani se reservó los derechos para editarlo y cree que puede ser un gran aporte en la lucha contra este tipo de delitos.

En marzo del 2023 cumplirá 30 años de carrera judicial. Es docente en Salamanca y en México, entre otras casas de estudio, y director de tres diplomaturas en la Universidad de San Isidro, lugar donde reside. Tiene varios libros publicados y su entorno lo considera un maniático del estudio: cuentan que se levanta de madrugada para leer, al menos, dos horas. Luciani nació en Palermo y se formó en el Colegio Guadalupe. El grupo de amigos que se hizo en esas aulas se mantiene hasta la actualidad. “No era el mejor alumno, pero sí muy respetuoso y valiente. Te paraba el carro si creía que algo no era justo”, lo describe Javier D’Espoósito, su profesor de cuarto año de Lengua. Y trae otro recuerdo de afuera de las aulas: “Era muy buen jugador de fútbol”, completa. Luciani sigue practicando el deporte: hasta hace poco, de hecho, participó de un torneo intercountry. Sin embargo, en la disciplina que más se destacó es en el rugby: jugó en Banco Nación muchos años y llegó a coronarse campeón en quinta categoría en el 78, cuando era un adolescente. Todavía recuerdan con su equipo las charlas motivacionales que les daba Hugo Porta, la figura máxima de Los Pumas. A raíz de su flamante exposición pública, en el club resonó su nombre y por eso le hicieron llegar una carta: “Nos enorgullecemos que hayamos llevado los mismos colores y, por supuesto, la identidad de valores con que fuimos educados”, dice el mensaje que le enviaron desde Banco.

Fanático de Boca, por aquellos años Luciani iba religiosamente a la popular de la Bombonera. Luego, con el paso de los años, retomaría la actividad con su único hijo varón, pero ya en la comodidad de la platea.

Fue el primero de su grupo en recibirse de abogado en la UBA. A esa altura, ya trabajaba en el Poder Judicial. Sus primeros momentos de fuerte exposición le llegaron de chico, cuando era meritorio del juez Juan José Galeano en la causa AMIA. El famoso “pinche” que se encargaba de los mandados y de tareas menores. Acumuló tal nivel de tensión que tuvo gastritis y entendió rápido que para progresar en su carrera tendría que trabajar sin horarios, además de lograr que las causas no afecten su vida. Sigue sin conseguir eso último.

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