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Werner Herzog, el creador de un cine sin concesiones con protagonistas ambiciosos, soñadores o desesperados

Werner Herzog nació en Munich, Alemania, en plena Segunda Guerra Mundial. Refugiado con su madre en un pequeño pueblo en los Alpes creció en la más profunda pobreza, sin agua corriente ni servicios, sin teléfono, juguetes ni herramientas. Nunca había visto una película; ni siquiera sabía que existía el cine hasta que un proyectorista viajero visitó su escuela. Fue también la primera vez que vio un coche.

Cuando tenía 13 años un maestro de música maltratador lo obligó a cantar frente a su clase con la intención de humillarlo. Herzog se negó y estuvieron a punto de expulsarlo. Esta experiencia hizo que el joven pasara varios años sin escuchar música, sin cantar ni aprender instrumento alguno, pero a los 18 años cambió y se dedicó a la música con particular intensidad.

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A los 19 años filmó su primer corto: Heracles. Pasó una temporada de inesperada religiosidad y se embarcó en largos viajes, algunos a pie. Ya sabía entonces que sería un director de cine. Estudió lo básico en una enciclopedia y robó una cámara de 35 mm de la Escuela de Cine de Munich. Él no lo considera un robo: “Era simplemente una necesidad. Yo tenía una especie de derecho natural a una cámara, una herramienta para trabajar”.

El personaje principal de

El personaje principal de «Fitzcarraldo» interpretado por Klaus Kinski. (Foto: captura de YouTube)

Al terminar la escuela secundaria pasó brevemente por la Universidad de Munich para estudiar historia y literatura. Ya filmaba, pero las productoras no compraban sus proyectos; Herzog, para financiarse, trabajaba por las noches como soldador en una fábrica de acero. Tiempo después se mudó a Pittsburg, Pensilvania.

Werner Herzog, junto con Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders y Volker Schlöndorff iniciaron lo que se llamó el Nuevo Cine Alemán, que produjo un gran impacto. El director francés François Truffaut declaró que “Herzog es el cineasta vivo más importante”. El crítico Roger Ebert dijo que Herzog “jamás hizo una película concesiva, vergonzosa, producida por razones pragmáticas o carente de interés. Hasta sus fracasos son espectaculares”.

Historias como la de Fitzcarraldo (1982), donde un irlandés intenta atravesar la selva del Amazonas arrastrando un buque a vapor, es el tipo de relato que investiga el límite borroso entre tener un sueño y perder la razón.

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Aguirre, la ira de Dios (1972), El enigma de Kaspar Hauser (1974), Nosferatu el vampiro (1979) Mi enemigo íntimo (Se refiere a Klaus Kinski, su actor fetiche con quien se llevaba muy mal) son algunas de sus películas más celebradas. Herzog está activo, filma, publicó una docena de libros y dirige óperas. Además de alemán habla inglés, español, francés y griego. También lee latín y griego antiguo. A veces presta su voz a Los Simpson.

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