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El paro no tuvo la contundencia que esperaban los gremios: hubo comercios abiertos en la Ciudad y sólo se complicó la vuelta a casa por el transporte

La decisión de sectores críticos al Gobierno de convocar a un paro nacional de medio día contra la denominada ley ómnibus que impulsa Javier Milei, no tuvo el efecto que los gremios esperaban y se pudieron ver comercios abiertos en la Ciudad de Buenos Aires, foco central de la protesta de la CGT, con el personal trabajando de manera normal.

Si bien desde 2019 no había una medida similar, a diferencia de otras huelgas, esta vez el impacto no fue tan contundente y mayoritariamente los comercios funcionaron durante toda la jornada, con algunas persianas bajas en la zona del microcentro por temor a destrozos y en los lugares más cercanos a la marcha convocada por la CGT en el Congreso.

Fue, también, el primer paro realizado en tiempos donde en muchas empresas predomina el home-office, lo que pudo haber descomprimido buena parte de la gente que habitualmente se moviliza para trabajar en Capital Federal y que llega desde diferentes puntos del Conurbano. El hecho de que el paro haya sido en enero también generó menor impacto.

El acatamiento, así, fue discreto entre los negocios de los centros comerciales barriales, tanto en el Gran Buenos Aires, como en la Capital. En el microcentro fue donde tal vez se tomaron mayores reparos, a partir del estallido de petardos y los ruidos por los bombos y cánticos de los manifestantes. Si bien los restaurantes y kioscos estuvieron abiertos, locales como joyerías y ópticas eligieron cerrar sus puertas. En la zona de Casa Rosada, y por San Telmo, se veían persianas bajas, pero los turistas y quienes circulaban por la zona transitaban con normalidad.

Para la hora del cierre del transporte, a partir de las 19, la mayor parte de la gente ya había tomado las últimas formaciones de trenes o colectivos o había adelantado sus salidas. Incluso después de ese horario, por Capital todavía se podían ver colectivos en la calle.

En los municipios del Sur del Gran Buenos Aires, en tanto, el miércoles tuvo casi total normalidad. La galerías de los principales paseos comerciales de la región abrieron sus puertas y atendían al público, como un día común. Distintos empleados de comercios consultados por Zonales de Clarín en rubros como kioscos de golosinas, librerías y carnicerías afirmaron que no iban a cerrar durante la tarde.

En los barrios periféricos la situación se replicó a nivel general. Un empleado de una pizzería en la localidad lomense de Villa Albertina también afirmó que iba a trabajar y que en el barrio el panorama general parece ser el de un día normal: «No puedo cerrar y perder el día de ventas».

De parte del Gobierno, se espera que haya un balance global recién este jueves, cuando Manuel Adorni brinde la conferencia de prensa habitual. No obstante, la reacción del Ejecutivo frente a su primer paro en contra sería positiva, en principio, porque el presidente Javier Milei entiende que la opinión pública le dio la espaldas a la medida, debido al natural impacto económico que tuvo, estimado extraoficialmente en unos US$ 1.500 millones.

La voz del Gobierno que salió a relativizar la medida fue Patricia Bullrich, que en redes sociales habló de una convocatoria de 40.000 personas a la marcha que organizó la CGT y comparó ese número con la población de trabajadores activa.

«De 21 millones de trabajadores, solo el 0,19 % se movilizó, si consideramos entre los trabajadores a La Cámpora y las organizaciones sociales. 40 mil personas. Fracaso total. El cambio a toda marcha», escribió la ministra de Seguridad en su cuenta de X.

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