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Es la fruta de moda y en una empresa cuentan el secreto para hacerla un negocio

El maracuyá es una fruta de moda y en boca de todos en la Argentina, que tiene una particularidad: se consume poco como fruta fresca y mucho en formato procesado. Es decir, la pulpa con y sin semillas.

Esta condición del mercado hizo que Pindó de la Finca, una empresa de base forestal que busca permanentemente nuevas producciones, decidiera apuntar a esta fruta de la que todos escuchan hablar, pero pocos compran en la verdulería.

Hace cinco años, Pindó de la Finca empezó la producción de maracuyá en un predio de cuatro hectáreas y con las primeras cosechas cargaban el camión y recorrían los 1200 kilómetros para dirigirse al Mercado Central de Buenos Aires y tratar de colocar la fruta.

“El maracuyá tiene una fuerte estacionalidad y en ciertos períodos hay una abundancia excesiva que provoca la caída en los precios”, explicó a LA NACION el ingeniero Luis Boveda, responsable de Pindó de la Finca.

“Lo que nos motivó a avanzar en industrializar el producto fue que la venta del maracuyá como fruta fresca es muy estacional y al haber sobreoferta en meses de cosecha, los precios bajan. Por lo tanto, la posibilidad de hacer pulpas de maracuyá y conservarlas en frío nos permite disponer del producto en contraestación”, agregó.

En este marco, esta empresa del norte misionero le encontró la vuelta de tuerca al negocio. Instaló una planta procesadora para extraer pulpa de maracuyá y un túnel de frío para el proceso de supercongelado o IQF (Individual Quick Freezing) que en menos de 40 minutos, y a una temperatura de 30 grados bajo cero, otorgan una pulpa o fruta entera, que no pierde ninguna de sus propiedades.

El maracuyá es una fruta en auge en la Argentina, pero se consume principalmente su pulpa procesadaHdeM

Así nació este emprendimiento que hoy produce y distribuye pulpas de maracuyá congelado con y sin semillas, y también frambuesas, mientras se prepara para agregar nuevas frutas a su oferta y darle una oportunidad de diversificación a pequeños productores de la zona.

Pindó de la Finca ya trabaja con otros 14 productores que buscan reemplazar o diversificar su producción como por ejemplo el tabaco, la producción de mandioca, la forestación o la yerba mate. La Argentina importa la mayoría del maracuyá que se consume de Brasil, Paraguay y Perú. Aquí solamente se produce en Misiones, Corrientes y zonas muy puntuales de Salta y Formosa.

“El maracuyá requiere un clima tropical, pero Misiones es una zona subtropical con microclimas que se asemejan a climas tropicales”, dijo Boveda. En medio de un clima cada vez más agobiante, esta empresa fundada por la familia Scherer, de raíces suizas, encontró la solución a la comercialización del maracuyá a una temperatura similar a la que se registra en la cima del Monte Everest en pleno invierno.

Tras el supercongelado a -30 grados, la fruta luego se conserva en cámaras a -20 grados, donde puede aguantar muchos meses sin ningún tipo de conservantes. “Queremos aumentar el volumen de producción propia y comprarle cada vez más a otros productores a quienes les damos acompañamiento”, dice Boveda, ingeniero agrónomo que desde hace 11 años está al frente del vivero de Pindó.

Se trata de uno de los viveros más grandes del país, con una producción de 4 millones de plantines de pino, yerba mate y especies nativos, con sus propios huertos semilleros. Boveda está al frente de un equipo de 36 personas.

El equipo de despulpado, luego de una clasificación, realiza una limpieza, la desinfección y nueva clasificación para ingresar al procesamiento de la fruta en la cual las máquinas separan las cáscaras de la pulpa.

De moda

El maracuyá es una fruta que hoy está de moda y se utiliza mucho en gastronomía y en heladería. El cheesecake de maracuyá es un postre también en auge, como los tragos a base de esta fruta.

No siempre fue así, en los años 80 y 90, muchos argentinos veían un maracuyá por primera vez en su vida, de vacaciones a Brasil y a la hora del desayuno. En rigor, cuando vino el parate del turismo por el Covid-19, en Pindó se dieron cuenta hasta qué punto el sector hotelero era demandante de maracuyá. La finca donde producen esta fruta está a tan sólo 40 minutos en automóvil de Puerto Iguazú, con una gran oferta hotelera.

El packaging de la pulpa de maracuyá con el logo de Pindó de la Finca, viene en formato de 1 kilo y en cajas de 14 paquetes cada una. “El origen del Maracuyá es Amazonia, acá de alguna manera forzamos el cultivo porque estamos en una zona subtropical, se planta en septiembre, octubre y empieza a dar frutos a partir de marzo. Es muy rápido su crecimiento, la cosecha comienza en marzo y termina con los primeros fríos, en junio o julio”, detalla Boveda.

En Pindó de la Finca tienen cinco personas en la industria y cuatro más en época de recibir fruta. A las que se suman otras cinco trabajando en el campo. “Nuestra segunda fruta es la frambuesa, pero también estamos preparando todo para recibir otras frutas y ya tenemos el know how para la producción de pulpa de ananá, mango, frutilla, frambuesa y pitanga”, indica Boveda.

Pindó tiene cuatro hectáreas de maracuyá y recibe la producción de otros 14 productores de la zonaHdeM

“El productor misionero no le tiene miedo a nada y se anima a la diversificación. Muchos productores de la zona de Wanda (a pocos kilómetros camino a Iguazú) quieren salir del tabaco porque tiene muchos agroquímicos”, explicó.

Expansión

Hablar de la firma Pindó, es también referirse a la familia Scherer que llegó a esta zona de Misiones a mediados del siglo pasado cargando sus raíces y cultura del trabajo suiza.

La planta procesadora de pulpa. Lista para recibir también ananá, pitanga, mango, frambuesa y frutilla

Fundada en 1976 por el inmigrante suizo y cofundador de la localidad Alfonso Scherer, la empresa siguió con Pedro y luego pasó a sus hijos, Rafael y Andrés. Su fuerte es el vivero, la producción forestal, el aserradero y la yerba mate. Los Scherer son una mezcla de empresarios y emprendedores. Como hombres de negocios los hermanos Scherer buscan la eficiencia y la rentabilidad.

Uno es ingeniero industrial (Andrés) y el otro es científico (Rafael, ingeniero agrónomo con una especialización en genética). Inquietos, siempre están buscando nuevos productos, procesos industriales o innovaciones genéticas.

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