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La orden que bajó Karina Milei y la crónica de la insólita pelea de los libertarios

— Espero que no me hayas metido a propósito en este quilombo. No creo que seas tan hijo de puta, Oscar, ¿no?

— ¡Pero Marcela!

— ¿Estás seguro de que Javier sabía?

— Obvio que el Presidente sabía, lo tengo por escrito en el teléfono.

— Mostrame el celular.

— ¿Cómo te voy a mostrar el celular?

— Mostrame. Quiero pruebas. ¡Mostrame el celular!

— ¿Cómo no me creés? Te digo que Javier me escribió y que me dio el okey. Estaba al tanto de todo.

Los diputados de La Libertad Avanza, Marcela Pagano y Oscar Zago, permanecían en un pasillo del Congreso. Eran las 12.30 del miércoles. Ella acababa de ser elegida como presidenta de la comisión de Juicio Político, pero el revuelo era tal que Pagano llegó a sospechar que el jefe del bloque oficialista le había tendido una trampa. Llevaban cuatro meses sin hablarse, después de una fuerte discusión, en diciembre. Dicen, incluso, que Javier Milei intercedió para que ese vínculo se encaminara. Retomaron el diálogo el sábado 6, cuando Zago le mandó un mensaje a través de un colaborador para decirle que era su elegida para la comisión y que Milei había dado el consentimiento. Pagano, feliz, le agradeció la confianza al primer mandatario en un mensaje por WhatsApp. Milei le contestó como suele hacerlo: con corazones de colores y pulgares en alto con su propia cara.

Zago y Pagano se habían reunido ese miércoles, media hora antes de la reunión en la que se votarían las autoridades de la comisión, para hablar sobre el procedimiento de designaciones. Bajaron juntos a la sala unos minutos antes de las once. Emilio Monzó ya estaba sentado, solo. Al entrar, a Monzó le habían llamado la atención los movimientos de una mujer que caminaba sobre unos tacos altísimos y que manipulaba un teléfono con el que parecía filmar todo. La mujer decía: “Esto se suspende, esto se suspende”. Monzó no le prestó demasiada atención. Al rato se dio cuenta: se trataba de la diputada libertaria Lilia Lemoine.

Aunque no forma parte de la comisión, Lemoine iba a irrumpir en la sala 7 del tercer piso del Anexo de Diputados cuando ya estaban los diputados sentados. Eran las 11 en punto. “Perdón, pero esta reunión no se puede hacer. Ustedes ya tienen un mail aclaratorio del presidente de la Cámara”, dijo Lilia. Nadie había llegado a ver el correo de Martín Menem -o eso dijeron-, que en algunas casillas quedó registrado un minuto antes de la hora pactada.

“Entró a las 10 horas, 59 minutos y 27 segundos. Treinta y tres segundos antes del escándalo”, revelaría luego un asesor de un legislador. Lemoine se retiró y los diputados procuraron avanzar con la orden del día.

Pero, apenas tomaron la palabra, ingresó el secretario administrativo Miguel López, un empleado de carrera al que se le notaba que no quería problemas, y dijo: “Lamento decirles que desde la presidencia de esta Cámara me piden que la reunión no se haga. Se tienen que retirar y yo también me voy a ir”.

— Señor, por favor, quédese —le pidió Monzó.

—No, yo me voy —dijo el secretario, y se fue. Temblaba.

El radical Fernando Carbajal se indignó. “Este es un maltrato que no podemos tolerar, una vergüenza. Se suponía que el nuevo Gobierno venía a cambiar este estado de decadencia”. Carbajal apuntaría más tarde contra Menem: lo tildó de irresponsable y de improvisado.

En un momento, en el salón se cortaron la transmisión y la luz. La transmisión no volvió más.

—Esto es un mamarracho —dijo el kirchnerista Germán Martínez.

En la oposición más dialoguista y cercana a La Libertad Avanza se percataron rápido: si no se votaba a Pagano se corría el riesgo de que el kirchnerismo intentara quedarse con la presidencia de una comisión más que sensible porque es la que puede iniciarle juicio a un presidente. No hubiera sido ilegal que quedara en manos de la oposición: no hay ninguna reglamentación que lo impida. La comisión de juicio político es cedida al oficialismo por costumbre.

—Tenemos quórum. Avancemos —pidió Monzó, como quien arroja un manto de piedad.

Paula Olivetto se agarraba la cabeza. La legisladora de la Coalición Cívica, que fue propuesta como vicepresidenta de la comisión, dejó pasar el mal trago y decidió apoyar. Leopoldo Moreau, elegido como vicepresidente segundo, también.

—Es una falta de respeto lo que pasó. En nombre del oficialismo, les pido disculpas. Sigamos —dijo Zago.

Tomaron asistencia. Eran 19 diputados. Suficientes. Se volvió a cortar la luz. Pero hubo votación y acuerdo.

La noche anterior, Martín Menem había discutido con Zago. “La tengo que bajar a la piba”, le dijo por teléfono, en referencia a Pagano. “No puedo, ya le dije y ella habló con Javier”, le contestó Zago. Menem le confesó entonces a Zago que era una orden directa de Karina Milei. Que había que hacerlo. Algo que repetiría varias veces el jueves en charlas privadas. La tensión de Menem con Zago se estiró hasta pasadas las dos de la mañana del miércoles. Pagano, en ese momento, estaba incomunicada: en la plaza, mientras paseaba a su perro, le habían robado el celular. Zago y Menem no se pusieron de acuerdo. Terminaron la conversación en malos términos. Menem diría en los medios que Karina no le pidió nada. No decía toda la verdad.

Ya con la autoridades votadas, Menem desconoció el procedimiento. Pidió una nueva reunión para acordar las autoridades para el próximo jueves a las 11. De urgencia, la mayoría de los diputados de La Libertad Avanza se reunieron y nombraron a Gabriel Bornoroni como nuevo jefe de bloque. Zago y otros dos diputados se alejaron del espacio y armaron su propio equipo. ¿Y Pagano? Buena pregunta. No habló con nadie sobre sus próximos pasos. En realidad sí habló con alguien. Con una sola persona: con el Presidente.

El quiebre del bloque libertario se da justo cuando el Gobierno espera que el Congreso apruebe su primera ley, tras más de cuatro meses de gestión, una orfandad que no experimentó ninguna otra administración democrática desde 1983. El martes a la noche entró a Diputados el nuevo proyecto de la Ley de Bases, con 279 artículos, con la que espera tener un shock de confianza y satisfacer un pedido del FMI.

Milei siguió la agenda desde Estados Unidos. Tuvo una semana, como todas, muy intensa. La CGT anunció una movlización para el 1 de mayo y el segundo paro general para el 9 de mayo. En el medio se conoció el número de inflación de marzo: 11%, que ratifica una baja consecutiva desde diciembre. Las reservas siguen creciendo: ya son positivas y el mileísmo se entusiasma con el levantamiento del cepo para antes de mitad de año.

Cuando se iniciaba el fin de semana, Milei anunció en la red X su separación de Fátima Florez. “Hay que estar en su piel, eh, mirá todo lo que le está pasando”, dijo un viejo amigo del jefe de Estado.

Antes de anunciar la separación de la actriz, Milei tuvo un encuentro con su admirado Elon Musk. El Presidente quiere que el empresario venga a visitar la Argentina. Ese es el objetivo menor. También intentará que invierta en el país.

El viernes, antes de irse de Texas, Milei se divirtió acelerando la camioneta Cybertruck, una nave de doble motor de 600 caballos de fuerza y un modelo de tres motores de 845 caballos de fuerza, que puede remolcar hasta 11,000 libras y pasar de 0 a 100 kilómetros de velocidad en apenas tres segundos. Alguien le sugirió a Milei que se trajera una al país. Carlos Menem tuvo la Ferrari, él podría tener su Cybertruck.

A Milei le gustó la idea. Habrá que ver si se anima a semejante ostentación en un país que parece sucumbir siempre a punto del colapso.

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