lunes, 30 marzo, 2026
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El giro pragmático de la política económica: ajustes y desafíos

El programa económico en ejecución ha transitado un camino de sucesivas adaptaciones desde su lanzamiento, priorizando resultados concretos sobre postulados teóricos iniciales. Elementos centrales de la agenda electoral, como la dolarización o el cierre del Banco Central, fueron dejados de lado, mientras se mantuvieron los ejes de orden fiscal, apertura comercial y desregulación.

La evolución del esquema cambiario y monetario

Tras una devaluación inicial, la primera fase combinó el mantenimiento de restricciones cambiarias con un régimen de devaluación programada («crawling peg») y la búsqueda de superávit fiscal para combatir la inflación. La presión sobre las reservas y el tipo de cambio real llevó luego a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que permitió flexibilizar el cepo y adoptar un sistema de bandas cambiarias.

Sin embargo, ese primer diseño de bandas, considerado por analistas con poco margen ante la escasez de crédito internacional y reservas, se agotó el año pasado. La incertidumbre electoral y un esquema monetario que generaba alta volatilidad en las tasas de interés contribuyeron a su colapso.

El nuevo rumbo y los desafíos persistentes

Superadas las elecciones, el equipo económico introdujo cambios significativos. Se priorizó explícitamente la acumulación de reservas, se ajustó la política monetaria para suavizar la volatilidad de las tasas y se reformuló la política cambiaria. El nuevo esquema indexa la devaluación a la inflación pasada, buscando evitar un atraso cambiario real que ponga en riesgo el balance de pagos.

No obstante, la inercia inflacionaria, legado de administraciones anteriores según la visión oficial, se muestra persistente. Factores externos, como el conflicto en Medio Oriente que impacta en los precios de la energía, y tensiones en commodities como la carne, añaden complejidad al escenario. Además, se espera que las negociaciones salariales presionen al alza de los costos.

Un proceso que demanda tiempo y paciencia

Los analistas señalan que este tipo de enfoques pragmáticos, orientados a una desinflación sana y sostenible, no producen resultados inmediatos. Se suelen citar experiencias regionales, como la de Chile tras la crisis de 1982 o la de Uruguay a principios de los 90, donde procesos similares tomaron entre ocho y diez años para llevar la inflación a un dígito, pero lo hicieron con crecimiento económico y acumulación de reservas, evitando crisis cambiarias abruptas.

El éxito del camino actual, según esta perspectiva, dependerá de la capacidad de sostener la disciplina fiscal, continuar con la compra de divisas mientras el sector externo lo permita y evitar apreciaciones cambiarias excesivas. Los sectores agroexportador, minero y energético son vistos como pilares para generar los dólares que hagan el proceso menos traumático, en un contexto donde las reversiones de flujos de capital siempre son una posibilidad latente.

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