La cooperativa láctea Sancor presentó formalmente su declaración de quiebra, confirmando un estado de cesación de pagos e insolvencia. El proceso judicial determinará el futuro de la empresa y sus trabajadores, quienes adeudan ocho meses de salarios.
La cooperativa láctea Sancor dio un paso decisivo en su crisis al solicitar formalmente su propia quiebra. El pedido se realizó luego de que los informes de la Sindicatura, el Comité Provisorio de Control y la coadministradora judicial coincidieran en un diagnóstico de cesación de pagos e insolvencia patrimonial.
Según los elementos de la causa, esta solicitud no modifica el cuadro de situación previamente acreditado, sino que representa el reconocimiento formal de una crisis ya verificada por los organismos intervinientes. Desde el sector sindical se indicó que la decisión «pone fin a una postura que negaba la realidad», en referencia a la anterior conducción de la empresa.
Uno de los puntos más críticos es la situación de los trabajadores. La empresa arrastra una deuda de ocho meses de salarios, además de aguinaldos impagos. Durante este período, Sancor se sostuvo con recursos vinculados al personal, la asistencia del fondo solidario de ATILRA y la continuidad de las prestaciones de salud por parte de OSPIL, pese a la falta de aportes empresariales.
Desde la conducción gremial sostuvieron que la eventual quiebra no debe interpretarse como un cierre definitivo, sino como el inicio de una posible nueva etapa. Plantean que la marca Sancor podría tener continuidad si se reorganiza sin las estructuras que llevaron a la actual situación, apoyándose en la calidad de sus productos y en el trabajo del personal.
El proceso judicial ahora quedará sujeto a la resolución correspondiente, que definirá los próximos pasos en torno al futuro de la empresa y de sus trabajadores.
