lunes, 27 abril, 2026
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La UCR y La Libertad Avanza: tensiones en una posible alianza electoral en La Pampa

El escenario político pampeano muestra fisuras en el intento de conformar un frente opositor. La caída en el apoyo al presidente Javier Milei y las diferencias estructurales entre el radicalismo y el espacio libertario ponen en duda la viabilidad de un acuerdo electoral de cara a 2027.

El escenario político actual en La Pampa expone fisuras que, hasta hace poco, algunos intentaban disimular en un posible gran frente antiperonista. La caída en el apoyo al presidente Javier Milei, en medio de la recesión, la inflación en alza y los escándalos de corrupción que golpean a su gobierno, obligó a recalcular sus pasos a la Unión Cívica Radical en la provincia.

El radicalismo levantó el pie del acelerador en la idea de un frente con La Libertad Avanza para 2027, que, en teoría, debería reunir a todo el antiperonismo. Y LLA parece hacer otro tanto. La necesidad de confluir es una necesidad electoral para ambos si quieren destronar al peronismo pampeano, invicto desde 1983. Sin embargo, la política no es aritmética.

Dentro del radicalismo conviven dos miradas: un sector que empuja el acuerdo sin matices y que se ve interpelado por la realidad, y otro que observa ese escenario con desconfianza. No se trata únicamente del momento político, sino de algo más estructural: la incompatibilidad entre proyectos. La pregunta central es sobre el rol del Estado. Mientras el radicalismo propone reformarlo, modernizarlo y sostener su presencia, el ideario libertario apunta a desmantelarlo. No es una diferencia menor. Es una grieta conceptual. Y cada vez que los dirigentes abren la boca, esa grieta se ensancha.

La UCR gobierna municipios. Tiene intendentes que gestionan, que administran recursos, que enfrentan demandas concretas. También que articulan con intendentes del PRO, que conocen el funcionamiento estatal. En la vereda opuesta, los referentes de La Libertad Avanza construyen su discurso desde una lógica antiestado, sin experiencia de gestión y con una narrativa que replica fórmulas nacionales. Allí aparece el choque: no solo de ideas, sino de trayectorias. Por eso el acercamiento entre LLA y otros actores como la pyme familiar de Comunidad Organizada. Por eso las aprehensiones de los intendentes.

El conflicto también se expresa en el campo, uno de los pocos territorios donde podrían encontrarse. ¿Es lo mismo lo que piensa Ulises “Chito” Forte, desde la Federación Agraria Argentina, crítico de Milei, que el mileísta Federico Cobreros, presidente de la Rural de Quemú? La respuesta parece evidente. Incluso en ese punto de contacto, las diferencias emergen con fuerza.

El armado de una alianza bajo estas condiciones se asemeja a un Frankenstein político. Piezas que no terminan de encajar, unidas más por la necesidad de ganar que por una visión compartida. La pregunta inevitable es qué ocurriría después. Cómo gobernar con contradicciones de base. Cómo sostener promesas sin traicionar a alguno de los sectores. Cómo lograr hacer una campaña electoral sin chocarse cada vez que se quiere dar un paso.

Las tensiones también bajan a tierra en casos concretos. Mientras el diputado libertario Adrián Ravier respalda la Ley de Glaciares, el radical Martín Berhongaray, posible candidato a gobernador, construyó su perfil político en defensa de los ríos pampeanos. En paralelo, Ravier impulsa los recortes en las universidades públicas, mientras Franja Morada, brazo histórico del radicalismo, se moviliza en contra de esas políticas en la UNLPam.

Y rascando aún más, la contradicción se vuelve más evidente cuando se observa el discurso sobre el empleo y la producción. En reuniones recientes, como la encabezada por Berhongaray en Alta Italia, los radicales plantearon la necesidad de fomentar la radicación de industrias y generar trabajo. Pero ese objetivo requiere un Estado activo, incentivos y planificación. Todo lo que el ideario libertario cuestiona.

Así, la alianza aparece atada con alambre. Sostenida por la urgencia electoral, pero debilitada por diferencias profundas. En política, las construcciones forzadas suelen tener fecha de vencimiento. Y en este caso, antes de nacer, el proyecto ya muestra sus límites.

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